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Decadencias

POMPA Y CIRCUNSTANCIA

La expresión “Pompa y circunstancia”, tomada de un texto dramático de Shakespeare, es el título de una conocida marcha orquestal del músico británico Edward Elgar que se estrenó en 1901. Aunque acaso deba su prestigio a que en 1902 fue adaptada para servir de marcha en la coronación de Eduardo VII.  Todo muy británico, como el libro (amplio, abundante) que con ese título “Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa” acaba de editar en Fórcola, Ignacio Peyró, periodista, ahora en el Gabinete de Presidencia, y hombre evidentemente anglófilo y bien informado.  Pasada una introducción generalista y básica, el resto del volumen (se avisó) es un diccionario sobre el mundo, la cultura o las formas de vida británico/inglesas. No digamos que esté todo ni todo tratado igual, pero el librote cumple con creces. Se puede leer como un diccionario normal (saltando, buscando tal o cual entrada) pero aconsejo leerlo como la novela de la Inglaterra más clásica desde el “agua de Malvern” que tomaba la reina Victoria, hasta “Yes, Minister”, serie que hizo época en los primero 80 y que, al parecer la Thatcher  no se perdía… En medio, todo o casi todo lo que es placer de anglofilia. Desde los “bobbies, un tiempo típicos y educados policías de Londresque no llevaban armas, sólo un silbato, pasando por la voz “gentleman”, las disputadas islas Malvinas “de bien merecida oscuridad”, Lawrence de Arabia, los “clubs” o las célebres “nannies”  hasta el té o James Bond.  Sería farragoso enumerar, y estoy seguro que los anglófilos quedarán satisfechos, no faltando los nombres de muchos españoles vinculados de varios modos a Inglaterra.

Es cierto que la palabra “inglés” durante mucho tiempo ha representado en Europa y más, no un lugar de procedencia sólo, sino un parasinónimo de calidad, buen paño, refinamiento, un punto de excentricidad, preciosas casas de campo con césped  espléndido y hasta envidiable puntualidad. No hablemos de autos de alta gama, con  madera y cuero, o el toque distinguido de los caballeros que habían pasado por Eton y Oxbridge antes de llegar a la City, las colonias, negocios o los periódicos de Fleet St. Lo “inglés” era sinónimo de libertad política e individual (aunque ahí no falten ciertas manchas) y un elegante, sobrio, aristocrático e insular estilo de vida. Anglófilos había en todas partes, casi más que en Inglaterra. Todo esto –hoy en decadencia- tiene una razón básica: la Inglaterra imperial no exportó su imagen de gente menesterosa o sucia, ni la de los espantosos barrios obreros de Manchester o Liverpool. Tuvo la suerte y el saber de exportar como arquetipo nacional a su clase alta, y así no se salía de lores y ladies exquisitos o excéntricos y ricos casi siempre, respetados además en un mundo que dominaba su Royal Navy. Nosotros exportamos lo popular y no lo refinado. Debe tenerse en cuenta. Con todo la globalizacióny el declive de Inglaterra –el primo yanqui es más basto- ha hecho que se destape la Inglaterra oculta, la vulgar clase media, los gamberros o “hooligans” peores y más salvajes de Europa, la grosería inglesa . Todo cae. E Inglaterra no es excepción. Pero “Pompa y circunstancia” es una delicia para cuantos (aún con reparos) amamos a la perdida, vieja, exquisita Inglaterra.


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