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Decadencias

Poeta, bebedor y herido

¡Pues, claro que me acuerdo de José Agustín, cómo olvidarlo! Me acuerdo de su mirada viva y honda, de su pelo teñido como ala de cuervo, y de aquella tarde en Milán (en el hotel) en que tanto hablamos de las depresiones, en el entorno de un festival al que nos llevó un poeta italiano, fallecido no mucho después, el cordial Antonio Porta. Dice todo el mundo –y es cierto- que José Agustín (1928-1999) no era sólo el mayor sino el más afable, el más querible de los tres hermanos Goytisolo Gay… José Agustín fumaba y bebía, era también la leyenda del santo bebedor, y contaba mil anécdotas, porque como poeta antifranquista y comprometido (el yo le llevaba al nosotros) había estado leyendo o recitando por más de medio mundo. También compartí con él jurados y lecturas, y a veces te decía: “Yo he estado en grandes teatros abarrotados y en pequeños camarotes o algo así, donde estábamos nueve o diez” En su libro “Bajo tolerancia” (1973) compara a los poetas con las putas: “No conocen vergüenza ni reposo/ se emperran en su oficio a pesar de las críticas… (…) Así son pues los poetas/ las viejas prostitutas de la Historia.” También Manuel Machado habló así. Como su amigo Jaime Gil de Biedma, podría él decir asimismo o lo habrá dicho mil veces, que era partidario de la felicidad. Por eso no hay que ver mal que un día depresivo de la primavera de 1999, en su Barcelona, se cayera por la ventana o se dejara caer (¡qué importa!) si en ese momento no era feliz y la vida le pesaba como fardo… Otro día en Las Palmas –en aquel famoso y divertido Congreso de Escritores de Lengua Española, 1979- ví cómo Claudio Rodríguez y José Agustín se conocían, entonces, y pasaban casi medio día en la barra del bar, charlando y tomando copas. Medio día o más de medio día. José Agustín, cálido y muy cordial como amigo, y enrabietado al hablar de tiranos, de sinvergüenzas de todas las tiranías, con religión o si ella. Buen (y bien hecho trabajo) han tenido Carme Riera y Ramón García Mateos, al preparar con cuidado, amistad y minucia filológica, la magnífica edición que acaba de salir de su “Poesía completa” (Lumen), porque además de inéditos o poemas no recogidos en libro, José Agustín retocaba o no la obra hecha y volvía a poner poemas antiguos en libros nuevos, lo que despistaba a más de un lector que no sabía si estaba ante una antología… José Agustín estuvo siempre de parte de una poesía cuidada y clara, y por ello fue el primer poeta popular o muy conocido de la Generación del 50 –la suya- aunque luego se le adelantaran otros. También fue el primero que musicaron los cantautores. Y si es cierto que “Palabras para Julia” no es su mejor poema, nos recuerda el mito y el daño fecundante de su poesía: Julia Gay, su madre, murió cuando volvía a casa con él, en una calle de Barcelona, bajo los bombardeos franquistas. El dolor y la rabia de la pérdida (era verdad) pero igualmente la serena meditación del terrible acontecimiento, y no lo abandonaron nunca. Eran su debilidad y su fortaleza. ¡Inolvidable y querido José Agustín, fumador y bebedor, amante apasionado de la libertad, hoy vivimos peor, y la tolerancia es más fea y más carcas los carcas obispillos! ¿Qué dirías tú? “Noche que tan clara esplendes/ tu luz sea leve.” Hasta siempre. Tu poesía está viva, muy viva.


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