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Decadencias

POESÍA: GONZÁLEZ IGLESIAS y RODRÍGUEZ MARCOS

Juan Antonio González Iglesias (1964) pasa, al filo de sus 51 años, por uno de los poetas “nuevos” más atrayentes. Puede chocar la edad pero no debe. Juan Antonio goza de esa consideración desde hace unos diez años, y hoy -raro signo de los tiempos, no siempre fue así- los poetas alcanzan la madurez, la voz, el tono, tarde. Muy raramente antes de los 40. González Iglesias acaba de publicar en Visor su libro último,  “Confiado”, donde sigue fiel –y aún quizás acentuando la sencillez- a la “difícil facilidad” de nuestros clásicos y al tono pensante, lírico y directo de la mejor tradición  grecolatina.  El libro quiere ser un canto a la vida, un voto de confianza al vivir, aunque se escapen por detrás múltiples desasosiegos con el presente. El autor no se siente a menudo acorde con el tiempo que le ha tocado vivir: demasiada prisa, demasiada falta de morar con uno mismo, demasiados desarreglos en un mundo tocado por mil plagas. Pero hay confianza. Por eso (con muchos poemas básicamente enunciativos, lo que hace más básico el conjunto) se canta la belleza, la mesura, la templanza y el amor de los camaradas –al autor no le gusta la híbrida voz “homosexual”-  al tiempo que la creencia en el dios cristiano. Es posible que muchos crean que “Confiado” no es el mejor libro de González Iglesias, por hoy, pero tiene cosas muy importantes: la calidad del verso, indiscutible, y su voz propia, “de hermosa terracota palpitante”. Como otros hemos hecho (y le sale muy bien) mezcla el cultismo con voces argóticas como “gayumbos” o “birra”.  El personaje poemático es habitualmente el “desiderátum” de lo que el autor aspira a ser, alguien católico y nuevo, cercano al horaciano “beatus ille”…

Javier Rodríguez Marcos (1970) es un poeta de trayectoria más breve que Juan Antonio. Por tanto el libro que acaba de sacar en  Tusquets suena a más nuevo, casi diría a su primer libro realmente propio: “Vida secreta”. A Rodríguez Marcos las cosas se le harán más fáciles y más difíciles, por tener en estos momentos  mando en el diario “El País”. En su epílogo (yo lo sabía de antiguo) declara su sintonía con González Iglesias. En efecto,se trata de poesías elaboradas en su facilidad, pero la de Rodríguez Marcos es mucho más desengañada, pesimista (sobre este mundo mal hecho) pero, como digo, limpia, clara, inmediata, trabajada y crítica.  Muchos solitarios en los textos y mucha soledad.  Una mano logra ajustarse a otra, aunque  la eterna rosa es hoy  “made in China” y de plástico… Cierto que hay algunas luces: “Recuerdas lo felices/que fuimos  el verano/ de la inmortalidad?”. He juntado estos libros porque están cerca aunque sus autores se quieran lejanos, porque ambos son buena poesía sin alharacas, y porque representan bien –en voces muy distintas- un camino en el que creo y me importa dentro de la lírica más hodierna: la muy elaborada poesía sencilla. Rodríguez Marcos en busca de la voz propia, casi ya rozada; y González Iglesias (que tiene esa voz) quizá más confiado en la enunciada sencillez. Dos raros poetas, con  buena poesía. De la vida literaria no hablaré.


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