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PERVIVENCIA DE BUKOWSKI

Charles Bukowski, nació en Alemania (en Andernach) en 1920, hijo de un soldado norteamericano y de una costurera alemana. Pero a los tres años ya estaba en EEUU, cerca de Los Ángeles, que fue siempre la ciudad-eje de su vida. Publicó su primer relato en 1944 y sus primeros poemas en 1946. Bukowski -que se llamará a sí mismo “Chinaski” en sus escritos posteriores- era una rara mezcla de hombre sensible (tenaz aficionado a la música clásica) y de una mezcla salvaje y dura de putero, borracho y tipo de la calle. Tuvo muchos oficios, porque el éxito literario de Bukowski fue tardío        -cartero parece que fue la ocupación que le duró más- pero lo que él buscaba era escribir (ha dejado multitud de inéditos) y pasar una vida mala -la vida es mala- lo menos mal posible, mujeres, sexo – se pegaba muchas veces con las mujeres que llevaba a su apartamento- beber mucha cerveza, emborracharse sistemáticamente y, eso sí, ir mucho al hipódromo de Los Ángeles, donde nunca dejó de apostar en las carreras, una de sus aficiones favoritas. Se le relaciona con Herny Miller o con algunos “beats”, de los cuales a ratos parece cerca, pero no tanto. Bukowski reivindicó como maestro a un novelista fracasado, John Fante -de origen italiano- a quien él ayudó a recuperar. Muchos de quienes han escrito sobre Bukowski realzan su condición de “solitario” (sin duda le gustaba y todo hombre, en el fondo, está solo) pero nunca le faltaron mujeres -se casó dos veces, además de las múltiples relaciones fugaces- ni amigotes de juerga y taberna, cosas que, en efecto, parecen tapar la soledad , y lo hacen, pero no la eliminan.Siempre con ostentación de grosería, quizá con algún rasgo tierno, Bukowski impone en sus mejores poemas un coloquialismo muy eficaz, muy bien hecho, y en sus relatos sobre todo (y alguna novela) lo que se ha llamado “realismo sucio”, del que es maestro indiscutible. Murió en un hospital de San Pedro (California) en marzo de 1994, o sea hace ya más de 24 años, pero es un autor vivo, vigente, del que no paran de salir inéditos, como el tomo bilingüe que acaba de editar Visor, “Tormenta para los vivos y los muertos. Poemas inéditos” al cuidado, en inglés y en español, de Abel Debritto, que parece en este momento el mayor cuidador o investigador de Bukowski.

Charles Bukowski empezó (desde los finales años 70, de la mano de Anagrama) a ser conocido en España, básicamente como narrador, sucio y casi porno, en libros como “La máquina de follar”. Muchos ni sabían que era poeta. Ello hizo que los primeros libros de Roger Wolfe -en los primeros 90- parecieran más originales de lo que eran. Ahí estaba la presencia del Bukowski poeta que, ignorado de muchos, empezaría a llegar muy abundantemente, bien poco después. Se le une, en parte, también al amigo Karmelo Iribarren con Bukowski, pero es la irradiación del coloquialismo (tan amplio en el siglo XX, Gil de Biedma) sin apenas conexión de mundos. Iribarren no está en el realismo sucio, sino en la plena cotidianeidad lírica. Sería muy largo enumerar todos los (muchos) libros o antologías de Bukowski que hay en español, digamos dos: “Lo más importante es saber atravesar el fuego”, una antología traducida por Eduardo Iriarte para La Poesía, señor hidalgo en 2002 (es un tomo amplio) o entre los muchos de Visor, “El amor es un perro del infierno”, poemas de los años 70, traducidos por Ciro Arbós y editado en 2010. Pero ya digo que la nómina es vastísima. Cuando acierta        -que es a menudo- Bukowski es un gran poeta de lo cotidiano duro o tierno, cuando no acierta, el poema queda en un simple apunte. Pero es obvio que Bukowski goza del favor de los lectores, que gusta ese su no hurtar lo duro o sórdido de la vida, y que a menudo Bukowski es un gran poeta. Prueba: hoy es mucho más reconocido como poeta coloquial, sabiamente directo, que como narrador tremendista. Hay que conocerlo.

 


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