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PANDEMIA, CRISIS MUNDIAL, CAMBIO DE CICLO

Son ya varias las personas notables y los articulistas que nos avisan de que una vez superada (o controlada) la pandemia del coronavirus, tan mal gestionada por el actual Gobierno de España -gobierno nada notable- sobrevendrá una aguda crisis económica con paro, menos dinero y caída o cierre de muchas empresas, que causa no poco pavor. En realidad, la crisis económica generada por la pandemia se unirá a esa crisis (nunca cabalmente superada) que estalló entre 2008 y 2010. Algunos dijimos pronto -lo explico en mi último libro de memorias, “Las caídas de Alejandría”- que la crisis de 2008 que con algún receso no ha hecho sino agudizarse, es en verdad mucho más que una crisis económica (aunque haya dinero o falta de él por medio) sino una crisis histórica, un paso de página incierto y un tanto a oscuras, previsible hace años, y de la que el horror del coronavirus y el confinamiento de medio mundo en sus hogares por miedo al contagio, puede ser una de las últimas gotas o al menos la que hace visible que el vaso se sale… Yo he hablado de una nueva “Edad Media tecnológica” como signo general de lo que nos espera y del camino que llevamos. Bárbaros -muchos en la política- ha ido habiendo desde hace no poco tiempo: Falta inmensa de cultura (desestima del hecho cultural en sí, incluso desde el poder), bajada de número de lectores, bajada del nivel universitario, bajada de los sueldos de los profesionales de la cultura -con la excepción, a veces ocasional, del best seller-  y además descenso del nivel de educación cívica, a menudo deplorable (hay quien alardea de su ignorancia y tosquedad) y finalmente la respuesta ignara contra toda forma de humanismo y conocimiento. Pero estos nuevos bárbaros (parte de la crisis) utilizan Internet y usan tablets y móviles… ¡Qué más da! Siguen siendo igual de necios. Si a estos hechos       -de por sí muy graves y no nuevos- se añade ahora nueva falta de dinero, más paro y un desplazamiento del poder mundial, en muchos ejes, la crisis global está clara, y deja nítido que asistiremos, no sé con qué ánimo, a un cambio de ciclo histórico. Ya más que olfateable. EEUU (desde su derrota en Vietnam) no ha ganado ni una sola guerra, pero ha desbaratado los países en los que ha intervenido, largándose luego: véase Afganistán, Irak y ahora parte de la desdichada Siria. La caída del Imperio Norteamericano empieza a ser verdad -Trump, ese necio, no toca al otro necio Maduro, por puro miedo a China- y por esto mismo que vengo de decir, está claro que el axis del poder hegemónico político y económico abandonará el área anglosajona, para ir hacia China obviamente y hacia otros países asiáticos muy prósperos como Japón o Taiwán.

Cuando acabe o se controle el coronavirus, pasaremos a la desolación de un mundo más pobre, más bárbaro y con muchos cambios geoestratégicos que más pronto que

tarde llegarán. Es espantoso imaginar (se ha dicho y repetido) que el coronavirus es un arma química o bacteriológica que unos salvajes yanquis han usado contra China. Las armas químicas -menos sofisticadas- ya se usaron en la 1ª Guerra Mundial, y hoy la estulticia humana y el miedo yanqui a perder poder, ha podido hacer barbaridades. Sería un bochorno y un crimen contra la humanidad (tan pobre) pero aún no está probada la suposición atroz. La crisis global sería también el fin de la era capitalista, pero no es el comunismo deteriorado ni un socialismo sin ideas lo que puede sustituir sin más al poder usurario del Capital. El Estado del bienestar, dentro de la mucha libertad y del ideal humanista- sigue siendo el único horizonte razonable. En fin, tiempos malos, en los que “el día después” parece al pronto más difícil de lo que ya tenemos. Un mundo está feneciendo (el de muchos de nosotros) y nace otro entre múltiples turbulencias. Esperemos que la sandez de tanto político (mujeres también) no lo estropee más. Y que los bárbaros no nos hagan pasar por otra Alta Edad Media de desdicha, pese a las computadoras. Esperemos que el ya alto proceso de robotización del ser humano sea controlable, como dijo el poeta, “con esperanza, sin convencimiento”, al menos a corto plazo. No estamos ante una crisis sanitaria o económica -que también- sino ante el parto incómodo de un nuevo periodo de nuestra casi siempre turbulenta Historia.   

 


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