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OSCAR HAHN Y LOS CARNICEROS

Hablamos el otro día de un libro de poemas español que testimoniaba la sordidez de buena parte del mundo contemporáneo y del mal uso de las nuevas tecnologías. Ahora, uno de los mayores poetas vivos de Chile, Óscar Hahn, que acaba de cumplir 81 años, publica un libro (en la portada un jinete del Apocalipsis) que vuelve a incidir, de modo muy distinto, en un mundo que no va bien. Cada vez gusta a menos gente. La poesía, se diría, retorna a protestar, a denunciar, a dar aviso… “Reencarnación de los carniceros. Visiones de la Era Nuclear” nos muestra a un Hahn de palabra viva y quemante, y que no ahorra imágenes de desolación y de peligro. Lo ha editado Visor. Oscar Hahn se dio a conocer en 1961 con un libro titulado “Esta rosa negra”. Lo último que había editado en 2015 (fue premio Loewe) es “Los espejos comunicantes”, libro mucho más intimista. Poeta y profesor (habitualmente en universidades de EEUU) Hahn, como tantos, ha visto ya demasiado, porque basta para calibrar tanta violencia     -de ahí “los carniceros”, sangre, carne descuartizada- llanamente observar.  Seguramente, algunos de estos poemas se escribieron y acaso  editaron en revista antes, pero el libro -además de lo nuevo- aúna lo disperso y todo gana densidad, sentido y horror. Porque los poemas hablan del horror que el hombre ejerce (más cada vez) sobre el hombre.

¿Podemos decir que la destrucción entre los propios hombres nació en el siglo XX y el XXI, reciente? Sería harto ingenuo. Pero desde la 2ª Guerra Mundial, la destrucción y los modos diversos de la guerra, se han hecho peores, más crueles (bajo una falsa asepsia) y como todo, masivos. Las guerras de caballería, que hasta cierto punto respetaban a los civiles, son una estampa romántica.  El día de 1945 en que, para terror del sabio Einstein, los yanquis lanzaron dos bombas atómicas sobre Japón, Hiroshima y Nagasaki abrieron otra espeluznante caja de Pandora. Pues los efectos radioactivos profundos -producen muerte, dolor espeluznante y mutaciones genéticas- duran cientos de años. Y el poder de esas bombas se ha centuplicado.  Desde “Visión de Hiroshima” o “El muerto de Nagasaki”, Oscar Hahn llega a “Mutantes” y “Arqueología del Quinto Milenio”.  En ese tiempo aún habría radiación: “Ellos tienen los ojos atrofiados/ pero pueden ver y pensar/ con cada célula de su piel.” Los caballos del Apocalipsis lo recorren todo, con desolación y fuego.  Los aviones islámicos asolaron rascacielos de Nueva York, los yanquis (de nuevo) asolaron Irak y luego Siria, en una matanza terrible, con miles de desplazados que huyen. De la casa en ruinas de Irak no queda nada, nada de la familia que la habitó, sólo un pedazo de foto medio quemada… “Retrato de familia iraquí”.  El secretario de Estado norteamericano y sus generales dan nuevas optimistas. Los niños de Hanoi, de Bagdad o de Kabul -huérfanos- van a Disneylandia con sus nuevos papás, que hicieron en silencio la carnicería… Desolador y gran libro de Hahn: “Hemos viajado por el espacio estelar/ hemos creado altas tecnologías/ hemos inventado armas sofisticadas/ pero aún no salimos de las cavernas.”


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