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EL OLVIDADO CAMPOS REINA

Era un autor que firmaba con sus apellidos. Omitía el nombre. No es el primero, pero el hecho mantiene cierta originalidad: Juan Campos Reina, nació en Puente Genil (Córdoba) en 1946. Estudió Derecho en Sevilla y su primera novela fue tardía y hasta dónde alcanzo silenciosa: “Santepar” de 1988. Creo yo que es muy poco lo que se sabe de este personaje, que tampoco en vida -fuera de algunos elogios notables- se dejó notar sino entre las minorías. Acaso habríamos de decir, “la minoría de la minoría”. Campos Reina falleció en Córdoba, de una enfermedad, en 2009. Creo que presencié (y leí en buena parte) toda su carrera literaria, compuesta de unas cuantas novelas singulares. Y diría -hasta donde alcanzo, pero yo en esos años seguía bastante los quehaceres literarios- que nunca hizo ruido. Debía tener buena consideración, porque lo llevó la agencia de Carmen Balcells, pero pasó en fru-frús de seda, tal vez la imagen no le hubiera disgustado a un hombre que escribió novelas de cuidado lenguaje, algo arcaizante, y que se interesó siempre por temas raros. “Santepar” (Seix-Barral, originalmente) se supone un manuscrito del siglo XVIII, escrito por un hombre de gran verga -acaso por razones de alquimia- que, llegado a la Corte, se hace pintor y hombre de sexo, en razón de lo cual recibe la herencia del excéntrico conde de Santepar.

Los más peculiares temas españoles, grandeza, decadencia, pueblo, refinamiento, aristocracia selecta y miedo a la madre Iglesia o a su Inquisición (lo que no resta número a los heterodoxos) se amalgaman en sus novelas -y un libro de cuentos- en un estilo siempre cuidado, que florea con ciertas exquisiteces barrocas o sabiamente antañonas. Desde el Madrid de Felipe V al de Concha Piquer y su entorno, por esa literatura transcurre una España oscura, brillante, turbadora y llena de transgresiones, sexuales asimismo, vista desde un peculiar pero nunca subrayado ni menos folclórico, prisma andaluz. Su segunda novela “Un desierto de seda” que salió en 1990, y que transcurre en 1915, abre un llamado “Cuarteto de la decadencia”, que no sé si el autor llegó a concluir, no en vida, me parece. Viene un ligero e intenso libro de relatos, “Tango rojo”, 1992, con el brillante cuento “La leyenda del Niño Canela”. Mi conocimiento de Campos Reina (al que jamás vi ni conocí) se cierra con la novela “El Bastón del Diablo” de 1996.  Pero sé -no la he leído, otra de la decadencia- que al menos hubo una novela más, “La Góndola negra” de 2005. Compré la primera novela de Campos Reina, porque algo innominado llamó mi atención, y no quedé defraudado. Y seguí durante años, con no decaído interés, a un autor silente, que mis amigos no conocían y que parecía huir de toda notoriedad. Incluso sus fotos de solapa son parecidas. Sus novelas han sido reeditadas y traducidas, pero yo sigo sin saber quién fue este autor que recomiendo, porque era singular y estilista.


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