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NUNCA MÁS (Poema)

La luz brillante, el oro del sol, son de julio de 1969.

El lugar es el jardín del viejo y elegante El Minzah,

Tánger. Junto a la piscina se sientan unos chicos de pelo

largo y aretes y bañadores, rojos o negros, muy mínimos.

No importa que apunte el vello. Uno sobre todos es muy atractivo.

Tiene aire inglés rebelde y hippie, pero rico sin duda ninguna.

La brisa caliente huele a pastela y a especias. El almuerzo.

Fuman y los miro, recién salido del agua, desde mi sillón.

Pero pienso en Said, un chico de mi edad, con quien

he quedado al anochecer. Mamá cena con un cónsul amigo.

Siempre le gustó Tánger. A mí, con dieciocho años, me está

empezando a gustar. Todo es -en el recuerdo- luminoso y feliz.

Pediría al dios de cualquier galaxia, tenga el nombre

que tuviere, que me devolviese una hora a aquella mañana

tan remota, en que el mundo parecía exacto y perfecto.

Sólo una hora al lujo de El Minzah, al olor marroquí,

a los muchachos de sexo y droga, a la desnudez de Said…

¡Cielos, qué tonterías digo! Sólo el recuerdo puede algo.

¡Y todo es absurdo y vacío hasta la saciedad! Todo abismo.


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