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NOCHEVIEJA Y AÑO NUEVO

Créanme no he conocido en mi vida (será que soy raro) una fiesta más decepcionante que la Nochevieja. Cuando yo era adolescente o poco más, a los jovencitos los papás les dejaban salir muy pocas veces de noche. Una de esas veces, era el año viejo o ya mejor, la Nochevieja. Así es que uno la esperaba como la noche de la magia, donde todo podía y debía pasar: amigos, diversión, alcohol, drogas y amantes de una noche al menos, en cuyos brazos despertarías… Yo (como muchos, a menudo cercanos, aunque luego pasaran) viví esas noches muchos años y en muchos sitios -fiestas particulares, discotecas, casas , calle, creo que no me quedó posibilidad factible ni lugar distinto. Resultado: me divertía, obvio, la juventud siempre lo intenta, pero jamás (reitero JAMÁS) fue la noche divina, uvas y champaña o cocaína además, que yo esperaba.  Mi Nochevieja empezó a ser grata, cuando -sobre mis 55 años- decidí que ya no quería más balumba de discotecas, gritos, ordinariez y horteras…  Cenaba en casa de mamá y luego me iba a mi piso -muy cercano- donde me esperaba un chico elegido amigo, uvas, música y champán francés. Charlábamos, bebíamos, nos acostábamos deseándonos Feliz Año Nuevo, y tras un poco de compartida pereza y de lujuria,él tornaba a la algarabía de la noche y yo me acostaba solo. De veras (y ahora desde la mayor soledad lo compruebo) esas fueron, unos años, las mejores Nocheviejas de mi vida. Justo porque casi nada esperaba lo tenía casi todo. Cuando, joven, buscaba ardor con manos ávidas, esas manos -y el corazón- quedaban amargas y vacías…  Al fin,la Nochevieja es un símbolo del tiempo que pasa y poco más, y algo de ese inveterado y difícil deseo que todos tenemos de ser más felices. Cuando a Jaime Gil de Biedma (casi treinta años de su muerte) le decían ¡Feliz Año Nuevo!, solía responder, claro pero que ante todo sea NUEVO. Porque la cifra del año muda, pero a menudo repite las mismas vulgaridades, el mismo chafarrinón de nuestra condición pecadora. Sed felices, amigos, y acordaos de mí que estaré solo pensando que a lo mejor uno ya debe irse, despacio. Aprender a despedirse no es gratuito. ¿Verdad, Pipe? 


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