Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


NERVAL, SIMBOLISMO SUICIDA

Gérard de Nerval (1808-1845) se suicidó ahorcándose en una callejuela del viejo París -destruida por los grandes bulevares- que se llamó de la Vielle Lanterne , de la Vieja Linterna. Ramón Gómez de la Serna escribió una lírica efigie sobre Nerval. Criado literariamente en el romanticismo (amigo de Hugo y de Gautier) Nerval es el gran precursor del simbolismo, entre viajes a Oriente y a Alemania, sesiones de hachís en el club formado por esos fumadores; Gérard de Nerval es desordenado y a la vez riguroso, como debía ser el padre espiritual de los modernos, desde Baudelaire o Verlaine o Rimbaud hasta ahora mismo, pues sigue siendo el poeta (y autor de mágicos relatos) imprescindible. No viene mal -aunque haya sido muchas veces traducido al español- la antología que Visor publica como “Las quimeras y otros poemas”, hecha por Pedro Gandía…

“Les Chimères” (Las Quimeras) es el conjunto de sonetos brillantes, nuevos, herméticos y luminosos en los que Nerval abre su conciencia a lo infinito, a la desolación vital, y a los mitos renovados del mundo antiguo, ya que como escribe él mismo, “pues un hijo de Grecia hizo de mí la Musa”. Nerval es un visionario, a ratos un loco vidente, que sueña en la perfección desde la melancolía.  El más famoso (y traducido) de esos sonetos, se titula en español “El desdichado”: “Yo soy el Tenebroso -el Viudo-,el Desconsolado,/ Príncipe  de Aquitania en la Torre abolida…” Los signos de saberes gnósticos, se unen al mármol pentélico, y a la continua añoranza de un mundo de plenitudes. Lleno de trastornos, de pobreza a veces, de amantes por las que se obsesiona, como Jenny Colon, actriz y cantante de origen inglés, que morirá en 1842.  En relatos como “Las hijas del fuego” o “Aurelia”, Nerval ve el susurro de hadas misteriosas y terribles que le muestran un más allá, tan turbador como apetecido. Las fotos que le hizo Nadar, enseñan a un hombre que parece mayor de lo que era (se suicidó con 46 años) pero que parece incendiado de pasiones calladas y mundos turbulentos, que ahí capta el silencio. Le dirá a su amigo Arsène Houssaye, que ha escrito sus primeros versos “por entusiasmo juvenil, los siguientes por amor, y los últimos por desesperación.”  Musa y Pitonisa se cruzan en sus abrazos con él. Cultamente paseador de los límites -llevaba zapatos de charol- una noche, presentida, Nerval no puede más y se cuelga. Al amanecer descubren su cadáver una lechera que regresa tarde con un borracho… Pero sus amigos (que ya lo admiran, y él no tiene dinero) le disponen un funeral en Notre-Dame. Se podría decir con más exégesis, pero ahora puede bastar así: Sin Nerval no hubiera existido la modernidad. Que en sus “Quimeras”  deja, por entero, de ser hipotética…   


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?