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NAVIDAD, REYES… (TAN LARGOS)

Todo el mundo sabe que nuestra Navidad (en francés Noël) viene de la palabra latina “Nativitas” (Nacimiento). En el mundo greco-latino el 25 de diciembre se conmemoraba una fiesta muy importante y popular, relacionada con el solsticio de invierno, el “Sol Invictus”. El Sol Invencible. El Nacimiento de los dioses solares, desde Osiris (ya vinculado al panteón romano) hasta Mithra. No se sabe cuándo nació Jesucristo pero la iglesia antigua situó esa Navidad o Natividad el 25 de diciembre para relacionarla con el Sol y para opacar en lo posible las fiestas paganas. Cuando yo era niño (y ya era el final de ese tiempo) la Navidad española -o italiana- nada tenía que ver con la Navidad nórdica que vivimos hoy y que es mero calco de la Navidad anglosajona: ni había abetos, ni pinos ni Papá Noel, eso empezó (lentamente) a mediados de los 60. Antes había “Belenes” -en los públicos auténticas maravillas- zambombas, panderetas, se cantaban villancicos y los niños pedíamos el aguinaldo a familiares y vecinos. Todo eso ha muerto o se ha quedado en un pequeño símbolo casi vacío de contenido, salvo para los muy piadosos. También ha muerto (aunque nos neguemos a dejarla caer del todo) la fiesta de los Reyes Magos, el 6 de enero, que conmemora a unos desconocidos reyes de Oriente, que siguiendo una estrella -cuentan los Evangelios- acudieron a adorar y regalar al Niño-Dios. Entonces acababa la Navidad española, con el roscón de Reyes y los regalos de juguetes o lo que fuere a niños y grandes. La Navidad empezaba el 22 de diciembre (con la lotería) y terminaba el 7 de enero, ya con el empacho de los Reyes. Podías creer o no -yo sólo creí de niño, y me gustaba- pero era una Navidad coherente y vivible. Larga pero no en exceso, con el interregno pagano del jolgorio de Fin de Año o Nochevieja , que mezcla las Saturnalia paganas , donde todo estaba permitido, con la noche visperal de las Strenas, fiesta catártica y de renovación, que dejaba paso al año nuevo. Había mucho de diversión y excesos en comida y bebida, pero un claro fondo religioso, incluso para los no creyentes. Hoy la Navidad (por fin acabó ya!) según oyes a muchos, más que gozada es padecida, pero no queda otro remedio. Mezclando la muy imperante y muy comercializada Navidad anglosajona con los restos pachuchos de la Navidad española, estas interminables fiestas -que nos incomodan a bastantes- empiezan oficialmente el 2 de diciembre (con el “espíritu navideño”) y terminan el 7 de enero, tras los Reyes, con un lógico agotamiento general, también monetario. Más de un mes de fiesta, hace larga, tediosa y hasta triste la Navidad española, que sigue ya a las claras el modelo anglosajón, pero que trata de mantener ciertos símbolos sólo, de lo ya preterido. Quise las Navidades pero la actual y prolongadísima Navidad me agobia y a menudo me entristece, como a muchos. Lo contrario de lo que supuestamente debía ocurrir. ¿Solución? No la hay. La Navidad (salvo para los niños) seguirá muriendo a manos del más terrible y voraz consumismo y sólo verá religión- sólo- el que de veras y con toda intención la quiera ver. Dicho lo dicho, se colige lo mucho que me alegra el fin de “esta” forma de Navidad que detesto. Y según oigo, no estoy solo. Hace muchos años (cuando yo hacía todavía mucha vida de noche) un pinchadiscos de discoteca me dijo una madrugada navideña: Desengáñate, amigo, ya no hay Navidad. Ahora sólo hay Corte Inglés. Y de eso hace ya, seguro, veinte años al menos. ¡Qué pena! ¡Y que alegría que se terminen ya estos abusivos y no poco falsos días navideños!.


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