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Matrimonio constitucional, claro.

(Este artículo se ha publicado en el último número de la revista “Shangay”.)

Aunque haya tardado lo suyo (ya se sabe más vale tarde…) el Tribunal Constitucional se ha manifestado a favor del matrimonio entre parejas del mismo sexo y lo ha hecho con términos bastante progresistas: la sociedad evoluciona y el matrimonio homosexual (aunque sea cosa de muy atrás, bien lo sabemos) es fruto de ese avance, aunque la sociedad tarde siempre un poco en reconocer su propio movimiento…

¿Quiere ello decir que el colectivo LGTB debe echar las campanas al vuelo? Sí y no. Sí, porque ha obtenido un triunfo necesario. Y no, porque los principales homófobos siguen donde estaban. Al PP no le gusta el mundo LGTB o lo prefiere armarizado. Es aquello –tan de derechas- de “vicios privados, públicas virtudes”. Su exjefe Fraga  (¡cuánto olvido!) lo dijo bien en una antigua entrevista: “El homosexual no tendrá problemas mientras no saque los pies del tiesto.” Es decir, yo estoy encantado con tener amig@s gays o lésbicas pero, eso sí, que no me hablen de sus rollos…El PP no es amigo –y es pena para ellos- porque siguen siendo “rehenes del Vaticano”, como ha dicho un articulista. Ese seguidismo eclesial católico, hoy más viejo que nunca, es una de las rémoras del PP como partido político. España no tendrá una buena derecha (pues hay gentes de derechas) hasta que no consiga una derecha laica y ponga fin al rancio concordato con la Santa Sede, que subsiste. Pero con la que está cayendo, con el horror de la crisis económica encima, que prometieron gestionar de maravilla, aunque aún no se note, creo que el Partido Popular tiene bastantes y graves problemas encima como para incordiar más contra gays y lesbianas. No harán nada    (lo dije otra vez) nada en contra, pero tampoco nada a favor. Es decir que las ayudas que iban desde el Estado al colectivo LGTB (incluida las que ayudaban a enfermos del sida) se pararán sino se han parado ya.

Y por supuesto ahí sigue nuestro enemigo principal, que es la iglesia católica, apostólica y romana. Claro que hay creyentes estupendos y solidarios, muchos curas gays y una rama de la teología de la liberación que nos apoya. Pero todo ese noble sector de la Iglesia hace años que está fuertemente censurado por los altos prelados de la jerarquía –los que abominan del matrimonio homosexual-  que se centran en la tristemente famosa Conferencia episcopal española, una de las más reaccionarias del mundo. Aunque en estos días esté también dando guerra la francesa (en un país republicano y laico) porque, como siempre, no quieren que el gobierno Hollande apruebe, como es su intención, una ley a favor del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Bélgica la tiene hace más de diez años, Francia va retrasada.

¿Es imaginable que monseñor Rouco Varela, paladín del oscurantismo y cara avinagrada de mala persona, se quede de brazos cruzados? No lo creo. Volverá a intentar movilizar, sobre todo en Madrid, con la ínclita ayuda de la alcaldesa Botella, a las familias muy devotas y casi todas con numerosísima prole, para que digan que gays, lesbianas, transexuales y bisexuales son seres diabólicos y perversos. Lo harán. Y creo que entonces no sólo el colectivo LGTB sino cuantos ciudadanos y ciudadanas estamos a favor de una sociedad abierta, plural y laica, debemos oponernos serena y firmemente. Manifestación por manifestación. Y donde ellos digan “degenerados” responder nosotros “cavernícolas”, “carcas”. Tienen que ir sabiendo que la calle no es suya y España (pese a tanta Historia equivocada por ellos) tampoco. Y pedir a los partidos de izquierda o aún de centro-izquierda que una de sus próximas promesas electorales sea abolir o renegociar desde la aconfesionalidad el concordato vigente. Veréis cuantas cosas cambian.


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