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Mario Vargas Llosa, tan diverso.

Mario Vargas es, ante todo, un tipo inteligente y cordial. Claro que está muy lejos del escritor de sus inicios, pues hoy para ponerle nervioso o furioso (algo nada fácil) bastaría decirle: El futuro de América Latina es Evo Morales. Creo que Mario caería fulminado. Nada le puede parecer peor. Mario es un hombre (hoy) que salvando y asumiendo las peculiaridades de tantas sociedades mestizas (todas serán sociedades mestizas en el futuro) cree, ante todo, en un camino liberal a la europea… Por eso la vieja izquierda piensa que se ha “vendido a los gringos”.

Conozco desde hace años a Mario que es patrono (con Carmen Iglesias, Paco Brines y yo) de la Fundación Loewe. Del premio de la Fundación fue muchos años jurado Octavio Paz, con el que tuve muy buen trato. Octavio -que pensaba políticamente casi igual que Mario- le ha pasado el Nobel. Y creo que Octavio Paz estaría contentísimo de que el Nobel de Literatura sea para su “cuate” Mario Vargas Llosa. Pero como, oficialmente, Mario es hoy hispano-peruano, varios periódistas (franceses, por ejemplo) se han preguntado, no sin un punto de malicia, si este Premio Nobel en lengua española se le ha dado hoy a un peruano o a un español. Quizá Mario contestara: ¿Y por qué no a los dos a la par? Él no ve contradicción. Pero los que miran una América Latina con Chávez, Morales y la “revolución bolivaríana”, si se preguntan: ¿Es hoy Mario Vargas Llosa el modelo de escritor latinoamericano? ¿No es ya el “boom” el pasado y por tanto se ha premiado a un gran escritor y sobre todo grandísimo novelista del pasado? El tema tampoco le gustará a Mario. Porque el contempla un futuro liberal para América Latina, no chavista ni mucho menos castrista…

Pero también es verdad que aunque tenga novelas recientes tan magníficas como “La fiesta del chivo”, para muchos (a veces también por recuerdo juvenil y rupturista, sobre todo en España) algunas de sus mejores y más complejas y novedosas novelas siguen siendo las que leímos por entonces, en sus inicios, “La ciudad y los perros” , “Conversación en la catedral” o “La guerra del fin del mundo”, entre otras. Recuerdo que de esta última me dijo Mujica Láinez, “Es como un Tolstói de por acá”. El Nobel de Vargas Llosa literariamente es indiscutible, como lo fue hace más de veinte años, el de García Márquez. Pero a Mario lo asaetearán con politiquerías, que a él sin duda le gustan (ahí están sus artículos) pero en las que a menudo no se siente bien comprendido. Él no es de derechas -se lo he oído- no es reaccionario, cree ardientemente en la libertad individual, donde entra el laicismo y la libertad  de opción sexual, pero cree simplemente que la izquierda no ha sabido renovarse y hoy sus modelos titubean, y desde luego la supuesta izquierda latinoamericana (a su sentir) no es modelo de nada, sino de lo mal hecho, conducente al desastre. Un premio Nobel literariamente tan claro, tan meridiano, tan merecido, ¿se va ha convertir en un premio litigado desde la vida política de dos continentes? No es improbable. Pero también es más que posible que el cosmopolitismo de Vargas Llosa, su ser hispano-peruano (obra rápida de Felipe González) sea también un destino, una imagen fatídica -de “fatum”- es decir, el hombre gigante que está con una pierna en su América nativa y con otra en su Europa elegida y que aspire -aún- a unirlas. ¿Por qué no? ¿Sería tan insensato?


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