Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


Mario Vargas Llosa, la universalidad

No es raro oír a muchos novelistas (en entrevista o charla)  decir cuánto aman o echan de menos la poesía. No es raro, tampoco, el narrador que empezó, juvenilmente, como poeta y luego entró -si vale aquí citar a Hegel- en “la prosa del mundo”. A Mario Vargas Llosa también le hemos oído contar su amor lectivo por la poesía, pero siendo (además de novelista, claro es) un ensayista talentoso y fértil, y una mente de verdad muy clara, como las que gustaban a Octavio Paz, que yo sepa nunca ha escrito de poesía. Y tampoco ha sido nunca poeta en ejercicio, aunque es seguro que, como todos, habrá roto algún soneto adolescente. Por tanto su caso de espléndido novelista universal cumple, muy bien, lo que quiere este ciclo “Los otros poetas”: que hablen -y escriban- de poesía quienes no se dedican a ella, aunque a veces la prosa del novelista pueda ser lírica o poética.

De otro lado sí podemos mencionar algunas explícitas y brillantes conexiones del joven Vargas Llosa con la poesía. En el colegio militar Leoncio Prado donde estudió en Lima (retratado en esa gran novela que es “La ciudad y los perros”) ejercía como profesor de francés uno de los más brillantes poetas peruanos del siglo XX, Alfredo Quíspez Asín, que firmó como César Moro, y que aunque escribió buena parte de su no muy abundante obra en francés -había estado en París con los surrealistas- dejó en español ese gran libro surreal y soterradamente homoerótico que es “La tortuga ecuestre”. A Mario Vargas, le atrajo ese rico surrealismo peruano, no hay duda (Sologuren, Westphalen, Martín Adán) quizá porque advertía ahí otro camino a la modernidad.

Pero hay más. Con 23 años (a fines de 1959)  tradujo con destino a una pequeña colección universitaria de textos clásicos, un relato poemático de un más joven Rimbaud, “Un coeur sous une soutane” (Un corazón bajo la sotana. Intimidades de un seminarista) que por azar -como el propio texto de Rimbaud- no se publicó sino años más tarde, en 1989, en una pequeña editorial limeña. Queda claro  sólo con estos dos antecedentes, que probablemente Vargas Llosa buscará en la poesía -pero no sólo, es hombre de amplitudes- aquello que más la aleje de la prosa, sin que me refiera, evidentemente, a la “escritura automática”.La poesía como turbación, como desasosiego, como belleza convulsa. La poesía que magnifica, bajando a las profundidades. Su prólogo a Rimbaud empezaba así: “Un corazón bajo la sotana es un texto subversivo y anárquico”. Por este o por otro sendero (sólo he trazado yo unas pinceladas de su prehistoria literaria) Mario Vargas Llosa, uno de nuestros grandes novelistas, habla y escribe ahora de poesía. Gracias.


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?