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Decadencias

Mario Benedetti, la suave disconformidad

Mario nunca se arrepintió de haber estado al lado del castrismo o de hacer esa figura tan singular de “exilado político en Cuba”. Pero al final no hablaba de ello. Yo lo conocí en Marbella donde éramos jurados (primeros años 80) del Premio Rey Juan Carlos de poesía, gestionado por José María Amado y la revista “Litoral” y que el alcalde Jesús Gil –qué cosas- terminó cargándose apenas entró. Mario en ese momento, desposeído de la nacionalidad uruguaya por la dictadura, era sólo italiano. “No me han dado la nacionalidad española (me dijo) porque sólo tengo un abuelo español por tres italianos. ¿Qué querés? Me llamo Mario Benedetti Farugia.” Viejo y triste (no volvió a España después de la enfermedad y la muerte de su esposa Luz) todavía se acaba de publicar su último libro, donde aunque cansada, la poesía nace, continúa naciendo vivaz, como en el “Soneto de la que fue”: “y quedan mis preguntas sin respuestas/ a esta altura es muy poco lo que espero/ pero prosigo con tu muerte a cuestas.” (De “Testigo de uno mismo”, su último libro). Un lenguaje claro, un destemor por las imágenes atrevidas y el hablar sencillo, la poesía de Benedetti parece salir de la boca para que todos formen una enredadera de palabras con ella. Por eso llegaba tanto y raramente bajaba la calidad. (Aunque ahora no ejerciera, Benedetti fue un excelente crítico literario. En España apoyó una novela como “Tiempo de silencio” y se decía devoto de Faulkner y de Proust; de hecho su segundo libro de ensayos, de 1951, se titula “Marcel Proust y otros ensayos”) Benedetti tenía facilidad para hablar con la gente porque le manaba la cordialidad, el fértil humor rioplatense. Es posible que alguien no asienta al mensaje: “si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos”. Puede no asentirse a esa manifestación amorosa pero en la voz de Nacha Guevara, de Mercedes Sosa, o en dúo con Serrat, uno vive esa canción, como lo que es un himno popular amoroso. Reconozcámoslo, como Violeta Parra por “Gracias a la vida” o Ariel Ramírez por “Alfonsina y el mar”, Mario Benedetti sería sólo famoso en varios continentes sólo por “Canciones de amor y desamor”, pero la lista de sus libros (novela, cuento, ensayo, poesía) es casi infinita. Su simpatía por las perdidas causas comunistas le ha quitado muchos –varios- de los grandes premios poéticos del idioma. A decir verdad, eso parecía importarle muy poco. Sonreía al saber que los tomos de “Inventario” (su poesía completa en Visor) fueron muchos años, y son tomos gruesos, los “best sellers” líricos de la editorial… A Mario le preocupaba su asma y le gustaba pasar (ya que no coinciden) el verano en España, en Palma de Mallorca a menudo, y el verano en Montevideo. Pero desde la enfermedad y la muerte de su mujer, Luz López Alegre –ese sí es un nombre español- no regresó más, aunque se sintiera tan de aquí, tan nuestro… Brotan sus versos como lianas y se entrelazan los títulos: Poemas de hoyporhoy, Próximo prójimo, Contra los puentes levadizos, Las soledades de Babel, El olvido está lleno de memoria, El amor, las mujeres y la vida… No tan lejos de Alberti, Mario Benedetti ha sido un titán del verso, tan él, sin querer darse cuenta…


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