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MARÍA TERESA LEÓN, «MEMORIA DE LA MELANCOLÍA»

María Teresa León (1903-1988) fue una mujer moderna y atrevida en su juventud. Una feminista plena y sin gritos. Nació en Logroño pero vivió no poco tiempo en Burgos, donde tuvo un marido y dos hijos, a los que dejó     -gesto muy radical en la época- cuando conoció al poeta Rafael Alberti y quiso unir su destino sentimental, político y literario con el suyo, ya en Madrid. María Teresa (de segundo apellido Goyri) tenía en los genes el feminismo ilustrado y mejor, porque era sobrina -y la tía influyó en su educación- de María Goyri, mujer muy culta, universitaria, y que fue la esposa del gran filólogo Ramón Menéndez Pidal.  María Teresa León, diríamos que casi la eterna compañera de Alberti y una buena escritora en prosa, llegó a España con Rafael, después de mucho exilio (Buenos Aires, Roma) al aeropuerto de Madrid en 1977. Estaba avejentada y sonreía. No reapareció en nada. Se supo que tenía -comenzaba a tener- demencia senil, y pasó el resto de su vida en una residencia que cuidaba a ancianos enfermos, en Majadahonda. Rafael solía decir que tenía que buscar dinero dando muchos recitales -a veces algo repetitivos- precisamente para pagar la residencia de María Teresa. Tuvieron una hija en común, Aitana Alberti.

León -muy guapa en su juventud- fue autora de libros de cuentos y de noveladas biografías históricas (por ejemplo de Bécquer y de Cervantes) pero la mayoría juzga como su obra mejor, “Memoria de la melancolía”, publicada en Buenos Aires en 1970 y muchas veces reeditada, ahora la acaba de volver a publicar Renacimiento.  Es un libro ameno, bello y de una prosa muy cálida y sugestiva. El primer libro de María Teresa León se publicó en Burgos en 1928. Cuentos todavía algo ingenuos, “Cuentos para soñar”. Quizá su cenit en esa línea lo alcanzó en 1942 con el libro “Morirás lejos”. Creo sinceramente que el nivel general de Alberti como escritor es superior al de María Teresa León, que no deja de ser muy notable.  Alberti había publicado en 1956 su libro de memorias “La arboleda perdida”. Luego, muchos años después, lo amplió a la baja. “Memoria de la melancolía” no es un complemento de “La arboleda…”, sino otro libro, otra sensibilidad, otro modo…  Como he dicho (y no es malo reiterar) “Memoria de la melancolía” es excelente.

Amigos de los hombres y mujeres de 27, Alberti y León fueron plena y decididamente comunistas y el Partido los protegió siempre. Algunos les han criticado -valdría también para el gran Pablo Neruda- que fueran algo comunistas de salón. “La Pasionaria” vivía el exilio en Moscú y ello era muy coherente, pero los Alberti sólo iban de visita (muy jaleada) a los países comunistas. Vivieron siempre en países democráticos. Argentina primero y cuando el país empezó a ir mal, en Italia, en Roma, en la que se hizo famosa su casa del Trastévere. Aquí no emito ningún juicio, me limito a señalar un detalle  que, sobre todo en nuestros convulsos días, debe conocerse. Gran y fácil poeta en todos los registros, Rafael fue siempre más conocido que María Teresa que siempre tuvo su propio nombre y su propia obra, muy digna de estima.  Digámoslo claro, “Memoria de la melancolía” nada tiene que envidiar a “La arboleda perdida”. Dos grandes memorias de dos notables y a veces controvertidos personajes. Su escritura nunca se ha negado, sus actitudes personales son discutibles, como tantas.


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