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Decadencias

MARÍA TERESA LEÓN Y LAS MUJERES

La biografía que José Luis Ferris acaba de sacar de María Teresa León (“Palabras contra el olvido”, Fundación Lara) es doblemente oportuna, porque es importante saber y conocer la vida y obra de una mujer audaz y moderna, y porque entra en el debate –muy encarnizado desde el feminismo- del valor o calidad de ciertas mujeres notables, frente a sus parejas, notables también. Cierto que las mujeres lo han tenido más difícil que los hombres en el terreno intelectual, pero ello (en los casos más normales) ha venido dado por el papel conservador en lo familiar –esposa, madre, ama de casa- que la sociedad tradicional le ha otorgado y que muchas mujeres aceptaban y aún aceptan, aunque mucho menos. Eso ha sido malo, pero ha sido y ha marcado el hacer de bastantes, incluso con valor notable. María Teresa León (1903-1988) fue muy bella y muy moderna, senda en la que parcialmente le puso su tía materna, María Goyri –una de las primeras universitarias españolas- mujer de Ramón Menéndez Pidal.  Ya era moderna y escritora en Burgos cuando en 1929 rompe su primer matrimonio allá (tenía dos hijos varones) para encontrarse con Rafael Alberti en Mallorca. Aitana será su nueva hija. Autora de teatro, guionista, novelista y memorialista, compañera de Rafael en aventuras políticas y personales, casi me parece absurdo ponerme a comparar sus obras. Sé el valor de María Teresa (leí con fervor “Memoria de la melancolía”) y sé que Alberti no la dejó atrás nunca, ni ella tenía ese temperamento sumiso. Otra cosa es el triste y largo final de una mujer brillante con Alzheimer, que ya padecía cuando regresó a España en 1977 y dicen que no sabía dónde regresaba. La tarde del recibimiento de Alberti –en una galería de arte-, me acuerdo, ella ya no pudo estar con él…

Concha Méndez fue una notable poeta y otra gran moderna, pero parece mejor antes que después de su matrimonio cómplice con Manuel Altolaguirre, de quien estaba muy enamorada. Zenobia Camprubí era inteligente y culta, pero vivió para Juan Ramón Jiménez. María Lejárraga empezó con dificultad a ser ella, cuando abandonó el ser María Martínez-Sierra. Hablamos de mujeres excepcionales en las que el hombre (con más o menos valores) domina. No siempre es así. Resulta indiscutible la obra y el talento de María Zambrano, porque en ella no hay esposo, sólo amigos o maestros. (María adoró a Ortega y Gasset). Rosa Chacel estuvo casada con un buen pintor noble y mediano, Timoteo Pérez Rubio, nadie puede pensar que “Timo” –como le llamaba ella- eclipsó a Rosa, que queda muy por delante de él.  Es decir, el “machismo” ambiente domina, pero en las mujeres modernas no entabla una absurda “guerra de sexos”, crea una tendencia que pueden solventar y solventan. Ni Altolaguirre ni Concha Méndez son poetas excepcionales, son buenos, muy ayudados por estar en la nómina del “27”. Zambrano y Chacel son ellas, plenamente. Y sería corto decir si la obra de María Teresa León vale más o menos que la de Rafael Alberti. Llanamente son muy distintas. (Sólo colaboraron en “Sonríe China”). La mujer tiene que superar la historia adversa y en eso estamos, lo que nunca se logrará tratando de abolir el valor de los varones. La biografía de Ferris es muy cabal.


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