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MARÍA LUZ MORALES, UN RESCATE

La historia (digamos de la literatura) no está casi nunca equivocada, aunque tenga errores de valoración. Pero esa historia -por razones múltiples- suele dejar de lado a mucha gente, a veces espléndida, otras simplemente curiosa, pero que vale la pena recuperar. Reconozcamos que la editorial Renacimiento está haciendo un notable papel en tal sendero. Desde 1975 -y en adelante- he buscado autores raros o postergados del “fin de siglo”, desde Antonio de Hoyos y Vinent al casi desconocido Marqués de Campo (autor de un singular libro de poemas decadentes, “Alma glauca”, 1902) hasta el pizpireto Álvaro Retana, sobre quien escribí un libro. Mi amiga Amelina Correa, que ha hecho muchísimo en esa senda, redescubrió a un de veras importante escritor modernista, de carrera breve pero estupenda, Isaac Muñoz. Como mujer y en justicia, ahora más volcada a mujeres, recuerdo los cuentos que editó de una espiritista española, Amalia Domingo Soler… La lista es larga, y ahora le ha tocado el turno a una notable periodista, María Luz Morales (1889-1980), gallega que vivió y ejerció en Barcelona.  Mª Ángeles Cabré ha editado y prologado un libro suyo tardío (la primera y única edición es de 1973), “Alguien a quien conocí”, que en verdad es un conjunto de muy notables semblanzas de personajes que conoció antes de la Guerra Civil, que fue su etapa principal de eficaz pionera del periodismo femenino. También anduvo en esos aires Josefina Carabias.

María Luz Morales escribe de sus encuentros y lecturas de Madame Curie (en Madrid) y ya en Barcelona, desde Gabriela Mistral, García Lorca o el entonces muy famoso conde de Keyserling -que murió en la miseria casi al final de la segunda guerra- pasando por la novelista catalana  Catalina Albert, que firmó con el pseudónimo masculino de Víctor Catalá,  hasta Paul Valèry o André Malraux, que empezó como revolucionario para llegar a ministro y admirador de De Gaulle, pero siempre un hombre inquietante. Morales (que escribe bien y ameno) no descubre demasiados secretos -ni una palabra sobre el lesbianismo de la chilena y Nobel, Mistral- pero da siempre la imagen viva de quien conoció a esas personas y las entrevistó o charló con ellas. Muy buena periodista, primera mujer que dirigió, aunque fugazmente, “La Vanguardia” de Barcelona, María Luz Morales (que escribe este libro ya en el olvido) habla siempre de sí misma  con modestia, pero como es una periodista notable -y sus personajes le acompañan- vale y brilla. “Alguien a quien conocí” merece mucho la pena, pero quienes nos gusta rescatar (y el feminismo imperante lo está haciendo con muchas mujeres) no debe hacernos olvidar que si es importante rescatar -mujeres u hombres- es igualmente importante no sobrevalorar. A menudo los rescates son muy necesarios y valiosos (María Luz Morales es un caso) pero eso no la vuelve un genio, ni ella lo hubiese creído. Se rescató a Cansinos-Asséns con harta razón, ahora estamos con Carmen de Burgos. Pero me digo: ¿Para cuando Rosso de Luna o la muy notable Mercedes Formica? A esta (gran escritora liberal, yo la conocí) las feministas radicales ni la nombran, pues aunque valiosa fue falangista en su juventud y -horror, era muy guapa- novia ocasional de José Antonio Primo de Rivera…  Rescatar no es negar sino hacer justicia, sin colores, sólo literatura.


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