MALOS TIEMPOS
Se extiende la sensación de hartura y cansancio con el tema de Cataluña, aunque previsiblemente se reavive al filo de las elecciones. Por supuesto la inmensa mayoría sigue creyendo que se trata de un asunto grave, y que el Gobierno no debe perder el timón. Por supuesto una también amplia mayoría cree que el huido Puigdemont (y su tropa) es un mentiroso loco, un sembrador de odio y un mal para todos, que ha hecho teatro de baja estofa en Bruselas. Es lamentable que ese personaje de ínfima catadura “et alii”, puedan presentarse a unas elecciones cuando obviamente han delinquido… Con este feo fondo, la gente recuerda ahora que el cansino y chapucero tema catalán ha dejado de lado asuntos muy graves. ¿Se acuerdan de la crisis? Parece que en Cataluña, con las empresas que se van y la muy segura bajada del turismo, a la gente le irá peor. Pero es que la famosa crisis que padecemos desde finales de 2008, no se ha solucionado, no ha terminado. Los sueldos que se bajaron no se han recuperado y es mucha la gente o las familias que tienen dificultades para llegar a fin de mes. Casi todos vivimos peor que hace diez o sobre todo doce años… Y al hilo del deterioro que se nota en todo (bajas inmensas en la cultura, en la mera educación cívica y por supuesto en el poder adquisitivo) muchos hemos empezado a pensar que la crisis económica, así llamada, esconde una crisis de civilización y de valores cada vez más evidente. Personajes tan soeces (en
distintos registros como Trump o Puigdemont, por debajo aún del indeseable Pujol) ¿hubieran tenido protagonismo en épocas más cultivadas? ¿La usura y el capitalismo salvaje, llevados al extremo, no han hecho ya bastante, tremendo daño?
El mundo está lleno de pobres, enfermos, desplazados y exilados que sólo pueden otear, hoy por hoy, un futuro negro. La falta de esperanza es muy general e incluso la religión apenas sirve de alivio a los muy piadosos. El terrorismo (islamista sobre todo) ha creado el neologismo “aterrorismar” -lo comentó Emilio Lledó- que no es otra cosa que hacer sentir terror al terror y de ese modo dejar la puerta abierta a los gobernantes (que por lo general tienen talante
represor) para crear leyes restrictivas y controles de todo tipo y en aumento, o sea, la “seguridad” -o lo que se hace en su nombre- gana claramente la partida a la libertad. Y siempre creyó el humanista que sin libertades individuales (son las básicas) el hombre no es tal. Si a ello sumamos, y son sólo ejemplos, el cambio climático, la subida de las temperaturas, la muy cercana y
atroz sequía y tantos otros signos (lo crea o no lo crea Trump, ese botarate) veremos que el planeta Tierra corre peligro. La superpoblación ha ayudado, y no hace falta pensar en Malthus para considerar un razonable control de la natalidad. Pero es que -cambiando de tercio- hasta las diversiones se han plebeyizado y nada más desalentador que contemplar las manadas de jóvenes (chicos y chicas) voluntariamente borrachos y gamberros, tirando
contenedores de basura por ejemplo, en los hórridos fines de semana del botellón y la baratura mental… ¿No debiera importar todo esto, a catalanes y no catalanes, mucho más que las necedades separatistas cuando nadie los oprime? Vivimos tiempos malos, no hay duda. Me inquieta mucho pensar en el futuro de los muy jóvenes… ¿Futuro? No lo sabes….
¿Te gustó el artículo?
¿Te gusta la página?