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Decadencias

«Mala noche» y el poeta de los marginados

Por motivos comerciales y porque el director no era al principio famoso, el primer largo de Gust Van Sant (en blanco y negro)  «Mala noche», terminado en 1985, sólo ahora acaba de estrenarse en España y en otros lugares de Europa y América. La película trata de adolescentes mexicanos en Portland que no tienen papeles ni saben inglés, y de un chico yanqui que tiene una tiendecita y quiere ayudarlos porque se enamora locamente de uno de ellos, y porque se da cuenta que él también pertenece a un mundo lejano a la vida del orden. Van Sant llevó al cine una novela corta -con ese mismo título en español, «Mala noche»-publicada en 1977 por un tal Walt Curtis, poeta local, traductor al inglés de Neruda y de Lorca, pero que sólo ha editado esa novela hasta hoy, más atrevida acaso que la película. (Que yo sepa la novela aún no está traducida al español).

Aunque a veces ha cedido al cine comercial -sin olvidar meter a algún chico guapo- como en  «El indomable Will Hunting» o en la sugerente «Descubriendo a Forrester», acaso inspirada en un marginal por antonomasia, el huidizo Salinger; lo mejor de Van Sant está en sus estudios de la soledad radical, el amor venal, la pulsión de muerte, los cruces entre juventud y belleza, y el sinsentido de la violencia entre muchachos llenos de problemas y que parecen no tener ninguno: «Mi Idaho privado», «Elephant» o «Last days», épicas lirificadas de la marginación, de la cara oscura del orden o de la final alienación desesperada de un rockero en el límite de las drogas y la falsa fama, son a mi entender, tres magníficas películas y las mejores, por hoy, de quien se ha vuelto ya (pese a su aire apocado) uno de los directores claves de este tiempo, jóvenes atractivos incluidos. Desde luego era curioso ver al propio William Burroughs interpretando a un viejo yonqui pastillero en «Drugstore Cowboy» -1989- la segunda película del director y la primera que dio que hablar…

Gus Van Sant se enfrenta ahora (si sigue rehuyendo el cine plenamente comercial) acaso al síndrome Warhol o algo parecido. Un tipo mundialmente famoso, de quien se sabe que está con los perdedores, con los raros, con los homosexuales heterodoxos y con los chicos con problemas -mejor los inmigrantes que la policía-, gracias al éxito de su cine y a su propia y naciente leyenda personal, se colma de éxito y tiene que parecer (sino ser) parte del sistema que en buena medida desdeña. La protesta, la luz sulfurosa, le han dado aureola, y ya no puede dejar de ser «una estrella». El marginado triunfador (que habla de las felices tragaderas del sistema) es un tipo no infrecuente pero muy poco estudiado. Mientras Walt Curtis (el autor de «Mala noche»)  sigue siendo un poeta de la contracultura de Portland y un frecuentador de las cantinas arañadas del barrio que él llama «Little México», un verdadero marginal en fin, once años mayor que Van Sant, nuestro Gust pasea la alfombra roja de Cannes y puede ir entre aplausos y sonrisas capciosas o envidiosas a cualquier parte del mundo, es un «director estrella», gracias en buena medida a la terrible poesía de la marginación, que ama, aunque él sólo pueda alcanzarla ya en una esquinita de su corazón doble…

¿Qué significa eso? Otra contradicción en un mundo ordenado y feo que aspira a salvarse.


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