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Los móviles y el AVE

(Este artículo se ha publicado en los diarios del grupo Promecal de Castilla y León, el viernes 21 de Octubre.)

No hablemos hoy de política. A los políticos y al resto de los españoles (los nacionalistas incluidos, tan propensos ellos a ser faltones) nos hace mucha falta -mucha-  la vuelta a la educación y a la urbanidad. En general, andamos hoy peor educados y más inciviles que nunca o casi.Hemos perdido, casi por completo, el respeto al prójimo y la idea (básica) de que la siempre deseable libertad individual, termina donde comienza la misma libertad  del otro…

Pocos ejemplos tan lamentables de nuestra actual carencia de urbanidad, digamoslo duramente, de nuestro talante poco pulido, como un viaje en AVE. Aunque siempre se advierte por megafonía que se baje el sonido del móvil y que se use sólo en las plataformas (es decir, fuera del vagón estricto) son muy pocos los que hacen caso a esta repetida recomendación que habrá -me temo- que convertir en ley. Yo no tengo porqué enterarme de lo que habla el señor o la señora que va a mi lado. Y aunque suelo enfadarme cortesmente y llamarles la atención, he debido (como tantos)  oír verdaderas y vulgares indiscreciones. Por ejemplo (y pido perdón): «Entonces, ¿ha hecho hoy bien la caquita el enfermo?». No aguanté más. Llevaba un rato. Le dije a la señora que fuera educada y hablara de lo que gustase en la plataforma, no a mi lado. Yo no era quién para enterarme de sus cosas ni lo deseaba. La señora (no joven) primero se sorprendió como ante algo insólito, luego se percató de su torpeza y pidió perdón…¡Qué menos!

Aunque algo se ha corregido este latoso fenómeno desde los tiempos iniciales del AVE, cuando los vagones tan aerodinámicos y modernos parecían un gallinero de ejecutivos y cotillas vácuos, el problema está lejos de resolverse. La casi contínua cháchara del de al lado (o de otros alrededor) que nada tiene que ver conmigo y que sería educado y discreto que yo no oyese, se me impone entre gritos -los españoles tendemos a hablar alto- y timbres y timbrazos o soniquetes de móviles a menudo de  musiquilla hortera…

Creemos ser un gran país europeo, tenemos una historia importante y una más que notable riqueza cultural -aunque la cuidemos poco- pero, hoy por hoy, como pueblo, mayoritariamente, seguimos pareciendo, con barniz, campesinos ineducados. Ejemplo:  El terror, la vergüenza de los móviles, estropeando el logro del AVE. Cuidemos la urbanidad y el valor de la privacidad. Ahora mismo somos, francamente, un pueblo mal educado. Tomo mi parte de culpa y salvo las excepciones pertinentes. Reconvenir nunca es faltar al respeto.


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