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LLEGÓ LA NAVIDAD

Los más mayores repetirán otra vez: ¿Llegó ya la Navidad? ¿El 30 de noviembre? ¿El 2 de diciembre? ¿Todo lleno de lucecitas y de abetos falsos, casi siempre iguales? Parece que las Navidades (en España más de un mes de teóricas fiestas) es un tiempo excesivo. Todos -salvo acaso los niños- terminamos hartos, saturados de Navidad, derruidos, cansados, de una Navidad, cada vez más uniforme, fea y globalizada, copiando un estilo hoy anglosajón -cómo se detesta ya todo eso- que originalmente procedía de la Europa nórdica, donde sí nieva siempre y hay muchos abetos y puede haber trineos… A mí me parece patético ver -aún peor que nosotros mismos- cómo países cálidos (México, Colombia) donde no hay abetos, donde no nieva ni hace frío, decoran calles y casas con nieve falsa -la mayoría nunca ha visto la auténtica- gorras de lana roja con ribetes de piel blanca, para un frío que no hace, y abetos con luces y colgantes   -siempre igual- en lugares donde ese árbol sencillamente no existe… ¿Por qué no engalanan una palmera tropical? El mundo se llena de tontos con la cabeza colonizada por la sandez ajena, irremediablemente. ¿Abetos y nieve en Sidney? ¿En Cartagena de Indias, con ventilador?

Soy un enemigo contumaz de estas falsas Navidades llenas de falsa alegría (y la gente se vuelve más triste) donde todo es comprar y consumir mientras tanta gente lo pasa muy mal, en tu país y en el pobre mundo. Por lo demás la Navidad fue una fiesta cristiana -el nacimiento del niño Dios- pero de eso no queda casi nada y públicamente menos. En España algún belén perdido. No soy católico -y menos en estas fechas- pero si lo fuera estaría más triste aún, porque el consumismo y la vulgaridad han terminado con la fiesta religiosa de belenes y villancicos que yo aún viví en mi infancia y que me parece a años luz de lo actual. Por lo demás (incluso por lo que dicen los Evangelios con pastores durmiendo al raso) muchos expertos dudan razonablemente de que Cristo -si creemos- naciera en diciembre, donde en el interior de Palestina las noches pueden ser muy frías. La Iglesia antigua (en su afán de apropiarse de las muy populares fiestas paganas) colocó la Natividad el 25 de diciembre para opacar y al fin borrar externamente la fiesta del “Sol Invictus”, es decir el día del nacimiento del Sol y de la renovada luz. Esa fiesta muy popular en la Roma antigua fue sustituida por el nacimiento de Cristo. Pero seguimos viendo (incluso en lo vulgar) que es una fiesta de luz. En España todo este vacuo horror se alarga más, porque mezclamos el omnímodo y vulgar modelo anglosajón con lo que queda de vieja Navidad española, sobre todo los pobres y decrépitos Reyes Magos -el gran día, cuando yo era niño sin Papá Noel- que alarga todo, ya extenuado, hasta el 8 de enero. ¡Qué tontos somos! Ni elegir hemos sabido. Uno trata de aislarse de la Navidad, pero es difícil. Uno trata de huir de la vulgaridad general, pero es difícil y con el coronavirus más- ¡Ay, pobres y tristes los solitarios que no tenemos familia ni nos gusta esta interminable y paleta Navidad! Como me dijo un chico en una discoteca hace muchos años (primeros 90) “desengáñate, ya no hay Navidad, sólo hay Corte Inglés”. Enorme verdad que crece, se adocena y plebeyiza como todo. ¡Qué fea y poco original es la Navidad de hoy! ¡Y qué larga! Casi no se puede resistir. “Soli invicto comiti”: Al sol, compañero invicto.


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