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Decadencias

LECTURAS DE VERANO, EZRA POUND

Como T. S. Eliot, Ezra Pound (1885-1972) era un norteamericano que no amó el capitalismo, sino la inmensa cultura sin márgenes en Europa. Si Eliot, como dijimos, es oficialmente el padre de la poesía moderna, para otros no pocos, ese padre es Pound, del que el propio Eliot aprendió al inicio.Para Pound –que lideró la vanguardia anglosajona desde Londres, el imagismo- la poesía era belleza en acción, belleza convulsa (pero no al modo surrealista) y necesidad de crecer y renovarse buscando todas las tradiciones… Releyó a griegos y latinos –su “Homenaje a Sexto Propercio” es un libro magnífico- redescubrió la poesía provenzal de la Edad Media, y con ella esa estrofa, la sextina (véase su tremenda “Sestina Altaforte”) que se había quedado raptada en las galas barrocas, y por fin redescubrió         –más allá del ornato simbolista- la poesía japonesa y la china más auténticas, en un libro hermoso como “Cathay” (1915) que hace de los poetas chinos, pura modernidad.  Todo el primer Pound, entre 1908 y 1920 incluidos, es un semillero de belleza y cultura, de donde casi todo sale…  Por cierto que todo ese Pound se editó bilingüe español-inglés, hace tres años en la Universidad de Valencia, con rico estudio y buenas versiones del argentino Rolando Costa Picazo.

Tras esa etapa maga y mágica, viene el Pound que no ha dejado de provocar polémicas: el hombre que abandona Londres y París para ir a la Italia de Mussolini, inicialmente porque cree en un orden nuevo anticapitalista; el hombre al que sus compatriotas (tras la guerra) meten en una jaula y un manicomio, y que termina volviendo a Venecia, donde lo vi viejo y callado en la primavera de 1970. Pound está sobriamente enterrado en el elegante cementerio veneciano de la islita de San Michele.  Pero si ese Pound singular, raramente fascista, es polémico, no lo son menos sus “Cantos”, un plural modo de poesía total, donde se supone que épica y lírica se aúnan, entre versos en griego antiguo y caracteres chinos, según algunos una de las grandes obras del siglo XX y según otros un suicidio de la poesía, como Joyce suicidaría la novela con “Finnegan’s Wake”. No obstante el maremagnum de los “Cantos” poundianos (usó la palabra  española, “cantos” o “cantares” como el del Mío Cid) están llenos de momentos sublimes, como el fragmento contra la usura, o los casi finales “Cantos pisanos”. En ninguna lengua existiría la poesía moderna (y llena de tradición) sin este Pound, uno de los grandes ídolos de mi juventud. Hay que leerlo, porque importa. Como se pueden repasar sus “Ensayos” o su “ABC de la lectura” (1934) que nos ponen ante textos muy sabios pero muy viscerales y antiacadémicos, de nuevo ahí la antípoda eliotiana. Porque Pound es un chorro de vida agitada, y eso lo enalteció mucho y eso lo perdió asimismo. Y pensemos que Pound era de origen judío.  Puestos a recomendar  los “Cantos”, y pese a que hay buenas versiones españolas, sea una opción arriesgada. Quien deba llegar a los “Cantos” llegará. Pero los llamados (demasiado simplemente, aunque llegan hasta 1920) “Primeros poemas” son un néctar insustituible. Grande y peculiar Pound. Excelente. “En una estación del Metro./ La aparición de estos rostros en la multitud:/ pétalos sobre una rama húmeda, negra.” Lo agitó todo.


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