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LAS CAÍDAS DE ALEJANDRÍA (MEMORIAS)

El próximo lunes la editorial Pre-Textos pone a la venta (y empieza la distribución en prensa) de mi tercer volumen de memorias, «Las caídas de Alejandría», subtitulada (no en portada) «Los bárbaros y yo». Es un tomo amplio, en tiempo y espectro. Se habla de muchas cosas y muchas personas, con cierta melancolía por amigos idos o perdidos. El tono general lo da esa Alejandría simbólica saqueada. A mí entender vivimos casi el cataclismo final de un tiempo, necedad, ignorancia y barbarie lo llenan casi todo y uno siente profundamente que este mundo de ahora no es el tuyo. A mí no me educaron para vivir en esta miseria moral escandalosa, con políticos de pacotilla en casi todo el mundo, y no digamos en la pobre España… Tanta zafiedad e ignorancia. Mi Alejandría vive en mí y en muchos corazones fraternos, pero el gran templo de Serapis está siendo destruido. Quedará una columna (acaso) y como hoy ocurre en lo real, la llamarán equivocadamente «Columna de Pompeyo». El libro es recuerdo, análisis, memoria y procuro que benevolencia, pero -siendo grande- seguro que no es exhaustivo, porque no escribí mirando diarios (que los tengo) sino dejando que la memoria hablara como le gustó hacer a Nabokov. Los tres tomos de mi memorias pueden leerse independientemente, pero sólo tendrá el retrato total -es una prudente y humilde invitación- quien conozca «El fin de los palacios de invierno», «Dorados días de sol y noche» y este «Las caídas de Alejandría». Es posible que tenga que volver a la memoria (incluso por los olvidos)  pero, no teman, desde luego no por el momento… Creo que el conjunto de los tres tomos dice mucho de mí y obviamente de mi tiempo. No son memorias pudorosas ni silentes, pero no guardan rencor a nadie. Ni a quienes entiendo -pasa a menudo en el vivir- que me hicieron daño o al menos que quisieron hacérmelo.  «El Tiempo pasa y arrambla con todo, no hay excepción,y por ello soñamos tan a menudo con algún modo o lugar de refugio…» Alejandría no es ya ese hermoso refugio. ¿La soledad, la lejanía?


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