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Decadencias

LA TERCERA ESPAÑA

Alguien hablaba estos días con error (acaso bien intencionado) de que la llamada «tercera España» era un timo. No había existido nunca. De iure tiene razón, pero de facto ha estado -y está- en el corazón de muchos españoles entre los que me gusta decir que me cuento. Como quiero escribir más largo del tema, voy a ser ahora conciso. Es obvio que las «dos Españas» famosas -tan a menudo caínitas y brutales. como la «Lucha a garrotazos» de Goya- sí han existido y existen y vienen de muy atrás. Y por supuesto afectan al ciento por ciento a vascos y catalanes (españolísimos en esto), pero  «la tercera España», aunque tenga sus raíces, arranca de la guerra civil y comprende a partidarios de uno y otro bando -republicanos más- que sin dejar de ser leales, se desencantan de una guerra brutal que parte entre crímenes España en dos y que no lleva a nada bueno: el nacionalcatolicismo riguroso, nada tolerante y de inicios muy cruel de Franco y sus gentes, o al triunfo de una República de signo soviético. Como el propio Azaña reconoció (incluso él añoró la tercera España) la república digamos «burguesa» que él presidía era sólo una fachada, todo estaba en manos del Partido Comunista, ayudado por la URSS, que se había incluso deshecho de los anarquistas. En esa situación terrorífica, por su significado, y por la inmensa brutalidad que engendró en un lado y en otro (todos tienen muertos y matarifes) muchos españoles, algunos ya exiliados -muchos republicanos y que siguieron en el exilio- soñaron con una España nueva, más centrada, que no fuera aquella degollina donde todos se vengaron de todos. Sí, los nacionales asesinaron a García Lorca, pero los rojos (términos tradicionales que no gustan) fusilaron a Ramiro de Maeztu, que fue uno de los grandes del 98. ¿Quiénes pudieron ser la tercera España, inexistente? Dicen que el término brotó de republicanos moderados pero seguros como Niceto Alcalá-Zamora, primer presidente de la 2ª República, desencantado después, o del muy cosmopolita Salvador de Madariaga, también republicano confeso, pero desengañado igualmente. Podría ser Ortega y Gasset, diciendo: «¡No es esto! ¡No es esto!». O Ramón Pérez de Ayala, o Juan Ramón Jiménez, que nunca regresó a la España de Franco pero que jamás quiso nada con el comunismo sovietizante, o amigos que me lo confesaron como Rosa Chacel, María Zambrano, Rafael Martínez Nadal… ¿No era tercera España Luis Cernuda, desencantado de la censura comunista y fascista y de tanta barbarie? Chaves Nogales, que vio el horror y no lo pudo entender. Aquí dentro Julián Marías (amigo de Besteiro, a quien admiró y represaliado por el franquismo), acaso Dionisio Ridruejo, y muchos de los que estuvieron dentro por edad, que detestaban a Franco pero nunca pensaron en un país comunista o comunistoide: Imagino a Juan Benet, al bien raro Juan Goytisolo, crítico de la Cuba castrista… ¡Cuántos! La tercera España somos los que -con mucha mayor simpatía por los republicanos leales- no queremos ninguna de las dos Españas que se liaron a garrotazos. Queremos una España moderna, con políticos renovados, laica, honesta, libre, sin censuras, sin nepotismo vergonzoso. Esa es la tercera España que vive en muchos corazones.  Pío Baroja se avino a vivir aquí (tras un breve exilio) pero¿lo ve alguno facha o comunista? Igual puedo decir del querido Juan Gil-Albert, pura tercera España. El tema es largo y esto no pasa de un apunte. Pero piensen: no hay sólo dos bandos que aún se insultan o descerebrados como Torra. Somos muchos los que deseamos esa tercera España, que nos libre de los goyescos mamporros…


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