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EN LA MUERTE DE LUCÍA BOSÉ

Lucía Bosé, nacida en Milán y fallecida en un hospital de Segovia (1931-2020) ha sido un mito del mundo fílmico y social, como actriz en sus primeros tiempos, como mujer singular y atrevida siempre, y por el entorno de famosos de los que siempre se rodeó o la rodearon. Yo la traté en algunas cenas cuando vivía en el famoso chalet de Somosaguas, entonces sin su hijo Miguel. En España era la actriz italiana que se casa aquí en 1955 con un archifamoso torero, Luis Miguel Dominguín, de quien se separa en 1967, tras un matrimonio tormentoso lleno de deslices e infidelidades del marido… Lucía siempre se refería a él como «el torero», pero era visible que había estado muy enamorada. Trabajó humilde en el Milán de la postguerra en una pastelería y en 1947 fue «Miss Italia» lo que le abrió la puerta del cine… Giuseppe de Santis, Michelangelo Antonioni, Buñuel, Fellini, Visconti, Picasso, o tantos más fueron amigos o cercanos o ella trabajó en su cine, incluso si a veces en papeles vistosos y breves. En 1972 publicó un libro de poemas sencillos, «Poemas de Somosaguas», con versión al español de Terenci Moix. Yo la conocí en 1974 cuando su entonces muy amiga Gloria Fuertes (luego se alejaron) me llevó a una de aquellas cenas tan libres de Somosaguas. Le regalé mi primer libro, «Sublime Solarium».  Como decía mi amigo el desaparecido Gustavo Pérez de Ayala, ver su agenda era tener el teléfono de cualquier famoso. Dicen que ha muero (avejentada, su cabello teñido de azul) con 89 años. Otros creen que podía tener alguno más, pero en las famosas de su generación, eso era siempre un secreto guardado, y Lucía Bosé (italiana y española) no sería una excepción en eso. Las cenas a las que invitaba en su casa -muy rica pasta- siempre las preparaba ella. Tras años, volví a verla y a tratarla con Luis Racionero, que era amigo e incluso se quedaba en Somosaguas. Y también he cenado allí (años 90) con Camilo José Cela, ya Premio Nobel y Marina Castaño. Todo siempre cordial, ameno, libre, sensatamente chismoso… Siempre me pareció excelente Lucía, aunque apenas conozco a sus hijos. Hay biografías suyas en español y en italiano, la última                    -presentada el año pasado en Roma con ella- «Lucia Bosè. Una biografía» de Roberto Liberatori.  Lucía me devuelve momentos gratos de realidad y de cine (también era amiga de mi gran Ginés Liébana, el pintor que le aficionó a los ángeles) y a mucho cine bueno como «Cronaca di un amore» el primer filme de Antonioni, «Satiricón» de Fellini, «La muerte de un ciclista» de Bardem o «Así es la aurora» de Buñuel, entre tantas. En los años 70 (cuando Miguel sólo era famoso como muchachito ambiguo, hijo de sus papás) se hizo fotos bellamente ambiguas con él, publicadas en «Fotogramas» y al hilo de una película de Josefina Molina en la que aparecían, «Vera, un cuento cruel» de 1973… Una mujer esteta, libre, y poco diva, pese a las apariencias… Descanse.


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