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EN LA MUERTE DE CARMEN ALBORCH

Cuando ayer falleció Carnen Alborch (1947-2018) me sorprendió. Sabía que  estaba enferma, pero no creí que tan grave. La palabra “simpática” ha aparecido tantas veces, referida a Carmen Alborch, que no queda sino buscarle un sinónimo, “cordial”, por ejemplo, porque Carmen lo era en extremo. Ministra de Cultura con el último Gobierno de Felipe González, la conocí entonces y la cordialidad brotó inmediata, porque Alborch era una mujer fenómenal. Educada, culta, socialista de verdad, sin odios ni revanchas, femimista sin insensateces, Carmen Alborch era una mujer que hoy escasea en la misérrima política actual. Luego fue diputada por el PSOE y tuvo otros cargos y aspiró (sin conseguirlo) a la alcaldía  de Valencia. No puedo decir que fuéramos amigos íntimos -eso de verdad es algo muy especial- pero cada vez que nos encontrábamos nos divertíamos y lo pasábamos muy bien. Alguna veces cuando tuvo como compañero a un periodista, alto y fortachón, José Luis Gutiérrez, a quien se apodaba “El Guti”. Fallecido ya, creo que venía del antiguo ámbito de “Cambio-16”.

Carmen Alborch (que había nacido el mismo día y en el mismo mes que yo, no coincidía el año) siempre me decía que cuando ella pudiera me llevaría a hablar institucionalmente en Valencia. Se refería a cuando, hará unos diez años, me nombraron pregonero de las Fallas valencianas, y me quitaron porque sacaron una vieja entrevista en la que yo decía -y es verdad- que como tengo algo de agorafóbico “no me gustan las fiestas multitudinarias”. Alborch obraba con cariño al decir que me quería resarcir de aquello, pero la verdad es que no me quitó Rita Barberá -que me lo pidió- sino un titular de prensa. No he llegado nunca a saber el grado de calidad en el oficio político de Carmen Alborch, pero era brillante, culta y elegante y todo ello son méritos, de los que se seguirían buenas consecuencias. Temo que buena parte del PSOE de hoy ya no era el suyo, a veces parece que los separan años luz. Escribió algunos libros buenamente feministas. Alborch para mí era una imagen del mejor socialismo democrático. ¡Pena!.


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