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LA MADRE DE LOS PANERO: FELICIDAD BLANC

(Empiezo el año, ignoro, porqué, acordándome de Felicidad, acaso porque fue y supo ser, una cabal perdedora.)

Felicidad Blanc  Bergnes de las Casas (1913-1990) era una señorita de la alta burguesía madrileña de antes de la guerra civil. Vivía en un palacete en Manuel Silvela 8 y en esos años fue campeona de hockey y según otra escritora, atractiva desde muchos puntos también, Mercedes Fórmica, una de las jovencitas más guapas de aquel Madrid. Ella decía que su familia era de origen francés, Juan Luis Panero –su hijo mayor- dirá que de origen catalán, pero es que Juan Luis vivió en Cataluña los últimos veinte años de su vida. Para mí Felicidad (a la que conocí en 1975, al filo de la muerte de Franco) era una mujer distinguida, letraherida, elegantemente avejentada y venida a menos. Era (y terminó sintiéndose) la protagonista de un drama, aunque nunca le importó el dinero: las historias abismáticas de sus hijos (sobre todo Leopoldo María) , el desamor y ausencias de su marido, el poeta astorgano Leopoldo Panero, colaborador claro del franquismo, pese a que se casó con él, muy enamorada, en 1941, y acaso esa falta de amor que la volvía  perfecta heroína romántica y que buscó –es complicado decir cómo- con Luis Cernuda en Londres o, ya aquí, con el escritor cubano Calvert Casey, ambos homosexuales. Felicidad quiso salvarse con sus hijos del horror de la familia franquista, y eso fue su gloria y su caída.

Todo empezó con el documental de Jaime Chávarri, “El desencanto” (1976) donde se desvela lo que el viejo pudor familiar celaba, y el inicio de las derivas distintas de unos hijos singulares, los dos mayores poetas y buenos. Entre polémica y éxito, “El desencanto” fue un hito que descubría el malditismo de Leopoldo María y el romanticismo desbordado de Felicidad. Fruto del éxito de la película, Felicidad dictó sus memorias a la periodista Natividad Massanés y  “Espejo de sombras”  apareció en 1978. Tuvo éxito pero no se volvió a editar hasta una edición de Cabaret Voltaire. Se trata de un libro intimista, sincero, romántico otra vez y que se lee muy bien pues entre la periodista, la propia Felicidad y acaso su hijo Juan Luis (entonces en Madrid) le dieron un tono coloquial y singular, donde uno a menudo vuelve a oír hablando a la propia Felicidad Blanc. No es la verdad (aunque a menudo se acerque) pero sí su verdad entera o casi, porque además los recuerdos terminan en 1976 –con “El desencanto”-  y el comienzo del drama de Leopoldo María que ya ha estado en la cárcel por drogas y ha intentado suicidarse. Con todo, el drama apenas empezaba y Felicidad lo vivió hasta el fondo y en soledad altiva, cerca del manicomio de Mondragón donde estaba su hijo, cuando ella enferma y muere. Libro básico y delicado,  ignoro porqué los editores  no han buscado un prólogo nuevo para este “Espejo de sombras” que lo precisa absolutamente. Es el único fallo de una reedición necesaria, pues el lector deja a Felicidad en 1976 cuando aún le quedaba por vivir lo más extremo de su bajada al Hades. He de decir que mi libro “Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero” narra todo lo que aquí no aparece… Sin dudas, aún más duro.


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