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La literatura del México moderno (En el «Cervantes» a Elena Poniatowska)

Cuando en el año 2011 dieron a la novelista mexicana Elena Poniatowska el premio “Biblioteca Breve”, por la que –creo- sigue siendo su última novela, “Leonora”, basada enla surrealista inglesa afincada en México Leonora Carrington (de quien Paz huía) se pudo ya hacer esta reflexión obvia: la vastedad e importancia de los países que hablan y escriben en español hace que sea muy difícil estar al día –si esta expresión quiere decir algo- de lo que se publica desde el río Grande a la Patagonia, inclusive. Los modernistas aún lograron saberse entre sí, nosotros con mayores medios pero más gente, no. Las editoriales tendrían mucho que decir, fuera de los grandes nombres. Porque Poniatowska, que publica en México desde los años 50, sólo está siendo conocida en España en estos últimos…

La literatura moderna (no modernista) empieza en México oponiéndose a la novela más indigenista que surge con la Revolución. Es el grupo de la revista “Contemporáneos” quese mira en el espejo de la “Revista de Occidente”, y que puede ver su Ortega en un gran ensayista como fue Alfonso Reyes. Los “contemporáneos”   -guiados por el gran ensayista y poeta que fue Jorge Cuesta, uno de los maestros de Octavio Paz- crean la poesía moderna y la prosa nueva de México: desde José Gorostiza o Xavier Villaurrutia hasta Salvador Novo o Jaime Torres Bodet. Aunque suenen poco, estoy hablando de autores de primera fila.  Fue, sin embargo, el gran poliedro de poesía, ensayo literario y pensamiento político que encarnó Octavio Paz (premio Nobel en 1991)  el aglutinador del México más nuevo. El mismo año de su muerte -1998- Elena Poniatowska publicaba un ensayo sobre su figura: “Octavio Paz, las palabras del árbol”. Poniatowsa pertenece a la generación del gran cronista, ya fallecido, Carlos Monsiváis, a la cercanía novelística (en otro sesgo) de Carlos Fuentes, a la raíz de otras grandes escritoras como la poeta Rosario Castellanos o la novelista Elena Garro –primera mujer de Paz-  en la generación de poetas como Eduardo Lizalde, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid o novelistas tan singulares como Sergio Pitol. Viendo este panorama de nombres altos –y pese a escribir a vuelapluma- cómo no sentir casi natural lo que a mí me extrañó en un congreso sobre “Contemporáneos”, en el D. F. en 1992: Había notables hispanistas norteamericanos especializados en literatura mexicana. Cierto que no pueden (o no debieran) olvidar la mirada sinóptica, y de ser posible algo más detallada, a las literaturas –muchas- del conjunto del idioma, pero luego la especialización parece inevitable. Quizas al “Cervantes” le toque subrayar el toque unitario. Hablé con un hispanista que conocía los períodos de la novela de Poniatowska y hasta su labor periodística. Yo quedé entonces mal diciendo que sólo había leído una novela suya: “Querido Diego, te abraza Quiela” de 1978 y editada en México, que yo sepa aún no en España. Claro es, si los grandes nombres (ya mayores en edad o fallecidos) no se conocen del todo bien, cómo no sorprenderse ante una potente literatura joven como la del novelista y poeta Juan Carlos Bautista, buen poeta, pero con una espléndida y original novela –hubiera fascinado a Severo Sarduy- titulada “Paso del macho”(2011). Literaturas demasiado grandes y ricas, en las que sería obligado algo más que espigar.


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