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«La folie Baudelaire» de Roberto Calasso

Roberto Calasso.Trad. Edgardo Dobry. Anagrama. Barcelona, 2011. 426 págs.

 

Los ensayos de Roberto Calasso (Florencia, 1941), el último de ellos, “El rosa Tiepolo”, tienden a la densidad. A una amplia erudición que quiere abarcar muchos campos, pero en “La Folie Baudelaire”, como su título indica, predomina más la dispersión entorno a un eje común que naturalmente es Charles Baudelaire en todos sus aspectos y no sólo en el de poeta. “Folie” es locura en francés (y quizá no haya que perder del todo de vista este primer significado) pero “Folie” era también desde fines del XVIII, un quiosco campestre lleno de bizarrerías. Y este es el sentido básico del título que proviene del crítico Sainte-Beuve que habló –entre lo muy poco que escribió de Baudelaire- de la “Folie Baudelaire, lugar de caprichos y voluptuosidades como cualquier Folie del siglo XVIII.” Partiendo de un ensayo inicial sobre Baudelaire, “La oscuridad natural de las cosas”, donde se nos introduce más que en el Baudelaire poeta en el crítico o comentarista de arte que se dio a conocer visitando los famosos “Salones” donde anualmente se exhibía la pintura del momento, de modo que el primer libro que Baudelaire publicó (firmado Baudelaire Dufaÿs) fue “Salón de 1845”, siguiendo esta estela, digo, Calasso trata de muchos de los personajes que tuvieron que ver más directa o indirectamente con lo que podríamos llamar “la galaxia Baudelaire”, empezando por Ingres, pintor más cercano a Baudelaire de lo que este creyera y pasando –a veces la relación es más lejana, pero siempre hay alguna- por Manet y Degas (personaje raro y que detestaba la naturaleza), por Rimbaud, Mallarmé, Sainte-Beuve, del que Baudelaire obtuvo menos de lo que pretendió –el ilustre crítico no se llevaba muy bien con la literatura más reciente, zahirió a Stendhal y a Flaubert- y terminando por Proust, Nietzsche o el concepto de “decadencia”… Como se ve el territorio que abarca Calasso con sabiduría no es pequeño, aunque en el conjunto del libro quizás predomine la extensión sobre la hondura, teniendo en cuenta que la idea axial es muy lúcida. Una frase (aunque esté hacia el final) nos aclara muy bien la intención del volumen: “Moderno- nuevo-décadence: tres palabras que irradian en cada frase de Baudelaire, en cada aliento.” La parte pictórica del libro me parece de lo más interesante: los ensayos sobre Ingres, Manet y Degas y la explicación de porqué Baudelaire escogió como “pintor de la vida moderna” a un curioso segundón, que hoy estaría casi olvidado sin esa elección , Constantin Guys. ¿Cómo compararlo con el soberano esplendor de Ingres? Pero ocurre que este último, tan clasicista, nunca pintó la calle y Guys no hizo casi otra cosa. “Una vez más, mientras la prosa de Baudelaire y la pintura de Ingres parecían nacidas para exaltarse recíprocamente, la oposición era completa en las declaraciones de principios.” (Por cierto, es curioso que en una traducción bien hecha y llena de nombres propios, al traductor se le haya escapado uno, muy clásico, que deja en italiano “que acaba de ahogar a Ila, el joven amado de Heracles” se refiere naturalmente a Hylas, el muchacho raptado por las ninfas durante el viaje de los Argonautas.)

Calasso sigue, de algún modo la pauta ensayística del padre Montaigne: mezclar todo. Aquí dejando siempre a Baudelaire, más o menos, al fondo. Más presente en Delacroix, menos aparentemente en Degas, pero con la idea central del hombre que inventó “lo moderno”, del burdel a la calle, en una vida llena de angustias , con un perfecto arte nuevo y clásico, “Les Fleurs du Mal”, y con un permanente afán de singularidad. Por eso afirma el autor: “Cuando estaba arruinado Baudelaire fue más dandy que nunca.” Hay quien dirá que este tomo no es unitario, que es un bien hecho cajón de sastre, pero se equivoca. Todo está bien medido para que entremos en la galaxia Baudelaire (en su Folie) y a partir del primer salón nos distribuyamos como queramos Un buen libro más anchuroso que profundo. Para que el lector continúe…

 


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