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LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

Aunque se supone que fue la biblioteca más grande y prestigiosa del mundo antiguo, es probable que no siempre fuese del todo cierto, aunque nunca dejó de ser un referente aludido. Sí fue la biblioteca más notable e importante del período helenístico. La fundó Ptolomeo I Sóter, cuando convirtió a Alejandría en capital de Egipto, trasladándola desde Menfis. Como de muchos otros monumentos de la antigua Alejandría (algunos probablemente hoy, como están descubriendo modernas excavaciones, bajo el mar) no sabemos siquiera dónde estuvo ubicada, aunque tiende a creerse que en la zona de los palacios reales y por tanto muy cerca de la costa. A su lado estuvo el no menos famoso Museo, aunque el único gran monumento alejandrino del que algo sobrevive es el Serapeo o Serapeion, situado más al interior de la ciudad. Casi todos los reyes ptolemaicos agrandaron sus instalaciones y su tesoro de obras griegas, que llegó a ser fabuloso. Uno de sus grandes proveedores fue Ptolomeo II Filadelfo. En ese tiempo Alejandría era la ciudad más grande y poblada de la época, y lo fue hasta ser sustituida por Roma en el siglo I de nuestra era. Durante buena parte del Imperio Romano Alejandría se consideró la segunda ciudad…

En la biblioteca trabajaron multitud de copistas  además de notables filólogos, que a veces eran también poetas o escritores. Se dice que llegó a tener (en su momento de máximo esplendor) unos 700.000 volúmenes -rollos de papiro- incluyendo la biblioteca personal de Aristóteles –famosa por su cantidad y calidad- que habría comprado a sus herederos el mismo Filadelfo. Mientras que Ptolomeo III habría aportado los originales de las obras todas de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Entre sus directores (cargo notorio en ese tiempo) estuvieron Zenódoto, Apolonio de Rodas, Eratóstenes, Aristófanes de Bizancio, Aristarco o Demetrio de Falero, y sabemos que en ella trabajó confeccionando catálogos y ediciones el poeta Calímaco. La otra gran biblioteca de la época (que compitió con la de Alejandría, pero al parecer con alguna desventaja) fue la de Pérgamo. A cargo de la Biblioteca de Alejandría –y parece ser que en la isla de Faros- se llevó a cabo la traducción de la Biblia al griego, probablemente durante el reinado de Ptolomeo II y a instancias del director de la institución, Demetrio de Falero.  Es la llamada “versión de los Setenta” (aún texto oficial de la Biblia para la Iglesia griega)  llevada a cabo por 72 doctores judíos  y seis intérpretes de cada una de las doce tribus. Hay que tener en cuenta que Palestina era entonces parte del reino de Egipto.

Según Plutarco, en el año 47 a. C. estando César en Alejandría, en el capítulo final de su guerra contra Pompeyo, la Biblioteca de Alejandría se quemó parcialmente y fue su primera gran pérdida. El hecho parece cierto (aunque no lo nombren otros historiadores como Suetonio ni un poeta que cantó esa guerra como Lucano) pero ha sido magnificado por unos y minimizado por otros. Séneca, algo más tarde en su “De tranquillitate animi”, sí afirma: “cuarenta mil libros ardieron en Alejandría”, pero parece que consideraba el lugar más un monumento a la ostentación que al saber. Lo cierto es que la biblioteca de Alejandría siguió y volvió a florecer, pero es muy probable que tras la muerte de la reina Cleopatra en el año 30 a. C. y al pasar Egipto a ser una provincia romana, la biblioteca nunca volviera a tener la magnificencia perdida. (Y eso que Marco Antonio regaló libros a Cleopatra). Probablemente no les interesara a los mismos romanos… A pesar de ello sabemos que Galeno, el médico célebre, o Luciano de Samosata, estuvieron en ella a comienzos del siglo II.

Parece que esa Biblioteca llena de nombre pero cada vez menos notable (el propio Serapeo tuvo su importante biblioteca) sufrió otras quemas, expolios o saqueos, esta vez por parte de los combativos cristianos de la cuidad, pero eso fue ya a fines del siglo IV, en las luchas entre paganos y cristianos, cuando por cierto ardió también el Serapeo mismo, gran templo a Serapis en el barrio de Racotis. Lo que queda claro es que es un craso error atribuir la destrucción de la Biblioteca a la invasión árabe del siglo VII. Cierto que ello supuso la puntilla para Alejandría como ciudad durante muchos siglos, pero el sultán debió encontrarse (si es que remató la faena) una Biblioteca más que pobre y mermada.

La actual y novísima Biblioteca de Alejandría, situada frente al mar, es un hermoso edificio de modernísima arquitectura no muy alta, para no alterar la vista desde la gran bahía, pero sus fondos no son singularmente notables aún.

 

 

(Más información sobre la antigua Biblioteca de Alejandría, sus directores, sus trabajos y su contexto helenístico, puede hallarse en el libro de Hipólito Escolar Sobrino, “La Biblioteca de Alejandría”, Gredos, Madrid, 2001.)


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