Decadencias
JOSÉ MARíA ÁLVAREZ, MARES DE DECADENCIA
Desde hace algunos años – siempre editado por Renacimiento- José María Álvarez (1942) un novísimo de la primera hora -enseguida llegaron más horas, cree que la antología de Castellet, en la que está incluido, no era buena- está haciendo a mi parecer unas de las más bellas, originales, refinadas y potentes poesías que se escriben en
España; pero a José María le acompañó a menudo cierta fama de desdeñoso que ahora se evidencia en una poesía que da cuenta de una época atroz –esta- en la que sólo la belleza del cuerpo, la belleza del arte en todas sus formas y la belleza de la transgresión nos pueden salvar como individuos, pues como especie demostramos a diario ser pura calamidad. Esta poesía directa, suntuosa y de desdén hacia el mundo actual, empezó en libros como “Sobre la delicadeza de gusto y pasión”(2006) o “Los obscuros leopardos de la Luna” (2010). Ahora sigue la senda –más radical en el desdén acaso- con un título en inglés que para muchos será difícil (buen novísimo en eso, Álvarez cree que todo hombre culto debe dominar cinco o seis lenguas) “Seek to know no more”. A ruego del editor lo explica, condescendiente, en una nota inicial: Primera escena del acto IV de “Macbeth” –Shakespeare, por supuesto- el
héroe interroga a las Hermanas Fatídicas por su suerte y ellas le responden con el título del volumen: “No quieras saber nada más”. Para mayor lejanía, el libro está dedicado a Jorge Manrique, el poeta de “Las coplas a la muerte de su padre”, que todos nos supimos en nuestro viejo Bachillerato de memoria.
Siempre títulos culturales (a veces sólo indirectamente relacionados con el poema que sigue) y enseguida fulgentes versos llenos de fuerza y luz. La gloria de haber estado con Cortés o con Lawrence de Arabia en sus gestas heroicas. El placer infinito de ver arder al monje Savonarola, porque era el representante de una religión intransigente y no amaba
la dulzura de vivir o los placeres. La perfección de una mujer que es capaz de decir a su hombre “Déjame ser tu puta” –como Eloísa a Abelardo- pero también: “Le debo/ saber quién soy, mi ser moral/y el desarrollo de mi inteligencia.” (Lili a Goethe). La belleza de un París moribundo, porque los buenos tiempos terminaron en todas partes. La hermosura de una mujer joven que se da gustosa a la satisfacción del placer carnal o potatorio. Mirar crepúsculos en el sosiego que se sabe fin. Haber sabido
ser leal a la amistad o al coraje, sobre todo en momentos extremos. La belleza de la vieja Colette, llena de maquillaje y teñido pelo rojizo, para recibir en la cama a un jovencito Truman Capote, y siempre (pero en algún poema muy directo) el desprecio por estos días mezquinos en que el mundo cambia para mal: “Qué basura de época./ Si miro fuera de mí mismo/contemplo la destrucción de la Belleza,/ de lo que fuimos moralmente,/de la Inteligencia y la capacidad/de crear algo memorable (…)” Todo medianía o peor y ya no áurea. En verdad “Seek to know no more”
es el libro de un viejo decadente y a la par el de un joven culto lleno de indignación ante la chusma y su arrasadora vulgaridad…
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