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JORGE TEILLIER, GRAN POETA CHILENO

Es verdad que en vida Jorge Teillier (1935-1996) no llegó a ser muy conocido en España. Me suena que en ese mismo año de su deceso o muy poco después Huerga y Fierro publicó una antología de Teillier, en su colección Signos. Pero quizá sea verdad – y Teillier algo lo supo- que hay poetas que actúan como fuertes valladares, sin buscarlo. En Chile esos contrapuestos monumentos fueron el gran Pablo Neruda y el no menos grande, pero más caótico, Nicanor Parra. Teillier los amaba, pero pensaba que después del “Canto general” o de los “Antipoemas” seguía existiendo poesía: la suya, por ejemplo. Hermana de la generación española del 50 y con algunas conexiones -yo las veo aunque no siempre existan- con el hacer de Claudio Rodríguez.  Palabra clara con voluntad de pueblo, pero también de allendidad, esa es la poesía de Teillier desde su primer libro, de 1956, “Para ángeles y gorriones”. Dicen (lo confirmó también el novelista Edwards) que Teillier es uno de los padres de lo que en Chile se llama “poesía lárica” -por los lares de los antiguos- es decir, una poesía que quiere recuperar el mundo de las familias y de los pueblos lejanos, perdidos.

Jorge Teillier, nació en Lautaro, un antiguo pueblo fronterizo, nieto por rama paterna de emigrantes del sur de Francia, creo que de Marsella. Su segundo apellido era Sandoval. Recuerda -por eso hay tantos trenes en sus poemas- sus viajes de retorno al pueblo, el patio de la vieja casa con gato y árboles tutelares. Las infinitas cantinas o bares de pueblo o de ciudad donde se aficiona al trago, pero también a hablar con la gente. (Eso le ocurría también a nuestro Claudio) y el recuerdo de antepasados o de tías mayores que hablaban con los muertos como algo natural. Todos podemos hablar con los muertos sin darle al hecho ningún oscuro color extraño. Muchas veces habla de la música o de los poetas que ama, como Rilke o el cubano Eliseo Diego, como Antonio Machado  o Jack Kerouac, con ese hondo verso “la andrajosa melancolía de envejecer.” “Para un pueblo fantasma” de 1978, es el libro en que visible pero soterradamente, Teillier habla del daño de Pinochet.  Como en otro poema de un libro posterior, “Adiós al Führer”.  Trenes en la noche, nostalgia de bosques donde la vida habla, su paso por Madrid donde no se quedó, su profundo enraizamiento chileno (de parcial origen francés, ello apenas se nota en su poesía)  en su último libro en vida “Hotel Nube” -1996- hay un muy hermoso poema “A mi madre” : “Ahora te recuerdo/mucho más que cuando se te empañaban los ojos/ cuando yo partía alegremente a la ciudad/ esa ciudad que era tu enemiga…”.  Visor (en edición de Francisco Véjar) acaba de publicar “Poemas de la realidad secreta. Antología”, al parecer la selección que de su propia obra poemática, dejó Teillier dispuesta al fallecer en Viña del Mar en abril de 1996, con 61 años. Es muy notable, fácil e intrincado Teillier, el poeta del habla cotidiano y de los cálidos y hondos sentidos.

 


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