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Decadencias

Jesús Pardo, «Rara avis»

Como le gustará la cita de las “Sátiras” horacianas, hay que dedicársela a Jesús Pardo: “Rara avis in terris, nigroque simillima cygno” (Un pájaro raro en la tierra, muy semejante a un cisne negro). Jesús –periodista muchos años y traductor de poesía- es en efecto un hombre raro que en un tiempo hablaba mucho de la muerte. Su primera novela, uno de las suyas de mayor éxito y contenido autobiográfico, se llama “Ahora es preciso morir”. Habiendo nacido en 1927, que su primera novela fuera de 1981 no da imagen de prisas. Y es que Jesús Pardo había jugado en Londres a la dipsomanía y al dandismo, al modo de Whistler, o sea, como en el libro “El arte gentil de hacerse enemigos”. Pone mal a quien cree que hay que poner mal y lo hace como dándosele un ardite. En 1985 y en Venecia (íbamos a homenajear la tumba de Pound) Pardo me contó su programa de vida, lo que le faltaba: escribir sus memorias, quizás una novela, una gran biografía sobre el emperador Trajano y morir. Claro, ¿qué iba a hacer después? Ya sé que ahora es menos pagano, pese a las citas que adornan el tercer y ultimo tomo de sus memorias, “Borrón y cuenta vieja” (RBA) que acaba de salir, y donde el memorialista muere ahogado por los libros en la final “Postumidad”. Hace unos años Pardo nos pidió a unos cuantos amigos que le hiciéramos una necrológica para su memoria final. Moría viejo y aplastado por los libros de su biblioteca. ¿Por qué no ha utilizado esos obituarios? Está claro, ha preferido el obituario propio al ajeno. Un texto no narrativo, sino meditativo. El libro se lee con gusto, pero como en sus novelas autobiográficas, es el primer tomo de las memorias el mejor, creo: “Autorretrato sin retoques”. Aunque mejor que el segundo, este tercer tomo vuelve a abundar en nombres menores. Algunos pueden tener mucho interés, pero requerirían explicación más larga. ¿Quién sabe de Carlos Salomón, fuera de Santander? ¿Y qué hará ahora nuestro estirado y culto Jesús Pardo de Santayana, muerto en sus memorias? ¿Morir? No, porque vive vida nueva. ¿Volver a los césares, como un pariente que visita próximos? ¿Poesía? En cierto modo, una de sus asignaturas pendientes… ¿O se dedicará sólo a pasear por la plaza de Oriente, junto al rey ecuestre sostenido por Galileo, cerca de su casa? Como sea, con su aire raro, displicente, altivo y ajeno, Jesús Pardo podrá jugar más libremente a usar de su dandismo. El dandismo siempre ha estado sin alharacas en su médula. Leerá, reflexionará, chismorreará en altura. Hará el papel de viejo abate dieciochesco. Y entonces podrá cerrar de verdad capítulo y labor, como pretende. ¿Por qué? Porque lo que ahora necesita en verdad Jesús Pardo (dándole libertad) es un biógrafo. La autobiografía la ha hecho él, con sus luces y sombras, pero le queda la biografía que puede hacer un aspirante a escritor, a quien el propio Pardo le dé las pautas. Que le diga porqué se hacía pasar por petimetre en el Gijón, las anécdotas con Cela y con González Ruano (de quien mucho sabe) y porqué no sus antiguas historias de botella y de cama, antes de llegar a la serenidad final del presunto fantasma que todo lo ve con displicencia desde su centro, que le permite morir –otra vez- “nul desordre”, con compostura…


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