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JARDIEL PONCELA Y EL HUMOR TODO

Se acaba de publicar un inédito ( en verso) de ese finísimo humorista moderno y de buída prosa que fue Enrique Jardiel Poncela, que marchó a Hollywood, que vivió muchos años en el madrileño barrio de Chueca -hay una placa en su casa- y que por allá murió tempranamente en 1952, apenas cumplidos los cincuenta años… Jardiel Poncela es uno de nuestros mejores prosistas de entreguerras, pero suele decirse que (fuera de las tremendas comedias de Aristófanes) el humor nunca ha tenido vitola de calidad. Puede que en algún caso chisgarabís -como cierto moderno novelista vano- con razón, pero muchas otras veces sin ella. Jardiel Poncela es uno de los casos notorios. Yo me sentí encantado al leer de adolescente (en un tomo que había en la biblioteca de casa) dos espléndidas novelas suyas, modernísimas: “Amor se escribe sin hache” (1928) y “Pero, ¿hubo una vez once mil vírgenes?” (1931) . Otros prefieren su espléndido teatro -ya se quisiera ahora- y otros más, desde ahora mismo, preferirán al poeta ingenioso que fue Jardiel, poeta/periodista en sus inicios, escribiendo ingeniosos poemas socio-políticos, que se han reunido en libro por primera vez en “Gacetilla rimada” (Visor) porque Jardiel Poncela publicaba estos textos, casi a diario (1921-1922)  en un periódico madrileño célebre en la época de ese Jardiel novel, “La Correspondencia de España” , popularmente, “La Corres”. Jardiel no era todavía un autor conocido ni existía “Angelina o el honor de un brigadier”. Pero era ya un magnífico poeta satírico, de temas tristemente actuales, que debieron seducir a esa “otra generación del 27”, donde estaba Miguel Mihura, Tono, Edgar Neville o Wenceslao Fernández-Flórez, por  citar a algunos…

Los versos de Jardiel son espléndidos y demuestran que se puede muy bien hacer periodismo en verso. Habla del Gobierno (mal) del problema de Marruecos -entonces candente- del Carnaval feo y de la desidia española, que se olvidaba, entre tantos, de Ramón y Cajal.  Es verdad que está contra el voto femenino -quizá porque le gustaban mucho las mujeres- pero eso es algo de la época que se le debe perdonar a Jardiel en honor a tanta espléndida lucidez como despliega sobre los males de España -que muchas veces parecen los de ahora mismo- y que le hacen llamar a su querida patria con un título benaventiano, “La Malquerida”.  Sí, muchos de estos versos socio-políticos y ágiles y vivos de Jardiel, se dirían escritos ayer: “Nadie por el pueblo mira,/ que no está negro…¡está gris!/ Aquí impera la mentira…/Que dejaran al país,/ estoy observando inquieto,/ como una purpúrea flor…/ Con muchísimo respeto/ exclamo yo:¡Qué dolor!/ ¿Por qué no se van, Señor, / y dejan al país quieto?” No hace falta adivinar que son los políticos todos, que le hacen exclamar a menudo: “¡Pobre España!”. A ratos, tristemente se diría que a principios de 1922, Jardiel ya presagia la guerra civil: pobreza y un pueblo abusado por todos en el mal gobierno. Como la Rusia bolchevique cuya hambruna general deplora. “Si no hablo yo de la crisis,/ ¿qué van a decir de mí?”  Probablemente los versos de Jardiel recuerden (pero a su modo) a los del gran dramaturgo del humor, Pedro Muñoz Seca  (1879-1936) fusilado por fascista al inicio de la calamitosa Guerra Civil. Por cierto que este año se cumplen cien -bueno mezclarlo con Jardiel- del estreno de una de las más desopilantes y burlescas comedias de Muñoz Seca -que ha reeditado Renacimiento-  “La venganza de Don Mendo”, caricatura de tragedia en cuatro jornadas, escrita en verso, con algún ripio, dice su autor. Jardiel Poncela también se atribuía ripios. Y podría gustarle este sonar: “¡Venganza, cielos, venganza!/ Juro, y al jurar te ofendo,/ que los siglos en su estruendo/ habrán de mí una enseñanza,/ pues dejará perduranza/ la venganza de don Mendo.”  (Buen estudio inicial de Alberto Romero Ferrer).  ¡Cómo me han gustado y deleitado los versos sabrosos del agudo y joven Jardiel, pues tenía veinte años al escribirlos! Ni Mihura (que era un divertido tipo serio), ni Neville -siempre con Conchita Montes- ni por supuesto Enrique Jardiel Poncela, merecen ni preterición ni olvido. Eran escritores que hacía -hacen- pensar, siempre disparatando un poco… ¿Eran de derechas? Creo que quisieron ser libres y que el comunismo de su momento les aterraba tanto como el fascismo. Porque todo buen humor, fino humor, señores, es civilizado. Jardiel habla mal de los piropos groseros, y asegura que el dicho a una mujer hay que “cubrirlo con un tropo/ no con un trapo.” La frase certera vale para muchos temas más. Recordemos a Jardiel y de paso, “La venganza de don Mendo”. Valen la pena.


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