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INMIGRANTES (BOLIVIA)

Poseía esa singular clase de belleza. A los 19, delgado y alto, tenía el cuerpo apretado y los ojos oscuros y dulces en el rostro blanco, pálido. Muy negras las cejas, como el pelo lacio. Al mirar, los ojos susurraban, serios, aguzados. Parecía hielo azul sobre fondo de mares cálidos. El fotógrafo dijo: Aire de “chico malo”, perfecto. Si da la foto te forras, chaval. Y daba. Venía del llano de Bolivia. No sabía nada de las arañas barrocas y las columnas de pórfido. Era el mayor y tenía que mandar plata a la mamá y las hermanas. Lo buscaban, lo pedían. Cedió dos o tres veces, máximo. Se conocía. Pero esperaba a su cuate de allá. Y a la novia. Los esperaba a ambos, vestido con chaquetas blancas y charoles de noche y un diamante en el lóbulo. (La más bella foto). Perfume y música en el cuerpo de nieve, visos de alabastro. Cuando llegó la noticia de la enfermedad de la más chica, no lo dudó. Volvió a la pequeña y pobre ciudad de Bolivia. Y no hubo más. La inmarcesible belleza del “bad boy”. Y aquel experto agregó: Es la segunda vez en mi vida, sólo la segunda vez, que miro caminar un auténtico, un sublime, magistral Leonardo.

(El poema pertenece a mi libro -2009-“La prosa del mundo”. Visor)


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