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Decadencias

Hoyos y Vinent, malditismo y revolución

Antonio de Hoyos y Vinent (1885-1940) fue un personaje impresionante, como atestiguan todos los que lo conocieron. Marqués, Grande de España, homosexual que no ocultaba sus gustos y escritor de moda en la “belle-époque”, las revistas de la época están llenas de retratos y caricaturas que lo representan, con el infaltable monóculo. Yo reedité en 1989 una de sus más notorias novelas, dentro de su enorme producción, “La vejez de Heliogábalo” de 1912 y ahora la editorial logroñesa “pepitas de calabaza” acaba de reeditar otra de las más decadentes entre las novelas de Hoyos, “El monstruo” –que es una mujer lujuriosa y enferma- publicada originalmente (y bastante reeditada en la época) en 1915. El prólogo de Julio Monteverde es una buena introducción a Hoyos aunque no diga nada realmente nuevo. Tendría que haber partido no sólo de mis artículos inaugurales sobre el personaje sino, hoy ya, del libro de la profesora de la Universidad de Oviedo, Carmen Alfonso García, “Antonio de Hoyos y Vinent, una figura del decadentismo hispánico” de 1998. Porque el decadentismo no fue sólo francés o español algo más tarde… Como tantos movimientos que se querían revolucionarios , el decadentismo (que tomaba por ídolos a Baudelaire y a Huysmans en lo cercano) fracasó. Su lucha contra el mundo burgués, regodeándose en el esplendor de una civilización ya tocada y muriente (de ahí las galas decadentistas, su amor al “pecado”) tenía tres salidas: si triunfaba el obrerismo y el lumpen, habría un mundo nuevo. Pero ese camino llevó la “dictadura del proletariado” y a la aparente nada en que hoy ha quedado el comunismo. Si triunfaba la regeneración (segunda optativa) se llegaría a una sociedad nueva, que al fin fue el fascismo y sus secuelas, en absoluto muertas, pero “políticamente incorrectas”. Y la tercera salida, era una sociedad idealista, pagana, plural y laica, que se apartaría de la moral cristiana (Nietzsche) y que daría paso al “tiempo del Andrógino”. Tampoco ha ocurrido. ¿No tenemos razón para ser, en el actual vacío, más decadentes que nunca? Cuando la preciosista y a ratos descuidada literatura que hacía Hoyos (refinada y popular a un tiempo) pasó de moda a fines de los años 20, él que había sido germanófilo en la 1ª Guerra Mundial, lo que en la calle se decía “bochero”, lo que aglutinaba más bien a gentes de derechas, se volvió anarcosindicalista y en la Guerra Civil militó en la FAI, escribiendo artículos incendiarios en “El Sindicalista”. Fascista se hizo D’Annunzio que también venía de la decadencia, y los demás quedaron en la frivolidad o la nostalgia. El marqués que buscaba torerillos en la Puerta del Sol se fue con la izquierda radical y murió en la antigua prisión de Porlier, en Madrid, sordo y enfermo, abandonado por su linajuda familia que no lo ayudó. Pero antes había sido el gran príncipe de ese decadentismo que pide una sociedad distinta, pero que se goza en los dorados crepúsculos de la que fenece. Su figura aún espera un rescate definitivo. Fue un escritor notable y prolífico pese a sus famosos “descuidos” (ortografía, sintaxis) propios de un contumaz letraherido. El elegante que amaba los barrios bajos en todos los sentidos…


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