Decadencias
Hipatia, el fin del paganismo
Es en la bella y esplendente Alejandría, que resulta todavía (pese a las revueltas) una de las grandes ciudades del Imperio. Los cristianos son la religión oficial y única desde los edictos de Teodosio en 381. Pero los paganos todavía son muchos y a medias conviven (con los cristianos más ilustrados) o a medias resisten frente a otros cristianos más integristas. Es el inicio de una tensión que dura todavía y que algunos intelectuales han llamado Jerusalén contra Atenas. ¿No es todavía esta lucha la que está en el corazón de muchas contiendas éticas de ahora mismo, como la eutanasia, por ejemplo? El neoplatonismo es una de las grandes corrientes de pensamiento de la época, que al hablar del Uno y del alma, puede tener puntos de contacto con el cristianismo, aunque difiera en otros muchos asuntos. Hipatia de Alejandría es hacia el año 400 una de las grandes filósofas y maestras de la doctrina. No se sabe con certeza cuando nació, aunque tiende a creerse que hacia el año 370, esto es, a finales del siglo IV. Era hija de un reputado matemático al que superó, Teón. Los dos matemáticos, astrónomos y pensadores neoplatónicos, verían con honda tristeza la destrucción y quema del Serapeion (el gran templo de Serapis) llevada a cabo por los cristianos el año 391. Sabemos, sin embargo, por los escritos de su discípulo Sinesio, que entre los alumnos de Hipatia había no pocos cristianos ilustrados que pensaban que el neoplatonismo podía obrar de puente. No fue así o no del todo, singularmente por parte del obispo Cirilo, intransigente y feroz enemigo de los paganos, es decir de quienes aún tenían por guía el helenismo. Se tiene por cierto (así lo cuenta Nicéforo) que seguidores del terrible Cirilo asaltaron un día el carruaje en el que Hipatia regresaba a su casa, la llevaron por la fuerza a una iglesia y allí “despojándola de sus vestidos, con fragmentos de cerámica la torturaron hasta matarla. Luego, desmembrada, la llevaron al lugar que llaman Cinaron y la quemaron.” La escena no puede ser más espeluznante en manos de los partidarios de la “caridad”. Hipatia no fue por supuesto la única sacrificada en el episodio histórico que se conoce como de “los mártires paganos” (episodio nada grato a la Iglesia) pero se ha convertido en un arquetipo. Supongo que muchos de estos temas, en imágenes brillantes, es lo que retrata “Ágora”, la última película de Alejandro Amenábar, que se estrena en Cannes. Como la ocasión arrastra, y aunque la literatura sobre Hipatia es ancha desde el siglo XIX ( por ejemplo la novela “Hipatia o los últimos esfuerzos del paganismo en Alejandría”, que aparece en Madrid sin nombre de autor en 1857, como traducida del inglés por Nemesio Fernández Cuesta) han aparecido nuevos y nutridos textos sobre la filósofa, la novela de Olalla García “El jardín de Hipatia” (Espasa) y el estudio, de amena lectura, de Clelia Martínez Maza, “Hipatia” en La Esfera de los Libros. La lucha (que prosigue) entre Atenas y Jerusalén tuvo otro mártir silencioso, el poeta y maestro de literatura Páladas de Alejandría que llora la suerte de los paganos (templos ardiendo, estatuas fundidas o mutiladas) y escribe en un epigrama: “¿Acaso sin morir vivimos sólo en apariencia, compañeros helenos, en la desgracia hundidos, imaginando un sueño que es nuestra vida? ¿O vivimos nosotros aún, cuando ha muerto la vida?”
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