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HERVÉ GUIBERT, DECIR LA VERDAD

Hace ya mucho tiempo que murió, víctima de lo que entonces (mucho más que hoy) parecía y era una pandemia destructora, el sida. El francés Hervé Guibert  -1955/1991- autor de una obra notable, pero evidentemente cercenada por su muerte joven, es

posible que hoy no sea recordado por muchos, sobre todo en España, donde su obra llegó al filo de su muerte y sobre todo a raíz del que seguramente (en una escritura de raíz autobiográfica) fue y debe seguir siendo uno de sus textos más famosos, “Al amigo que no me salvó la vida” -1990- donde se narra su relación con el más famoso y mayor Michel Foucault, homosexual con oculta fama sadomasoquista, gran pensador en notables y heterodoxos ensayos, y que sería ese amigo-amante que no le confesó que era seropositivo y que pudo ser el “que no me salvó la vida” y que debió o pudo contagiarle la enfermedad. En efecto, Guibert falleció un año después de la salida de ese libro muy polémico y está enterrado en la isla de Elba, donde vivió bastante con otro amante más estable, el fotógrafo alemán Hans Georg Berger.

Cineasta, fotógrafo, amante del arte, escritor (aún con una ya muy vaga influencia de “Tel Quel”) Hervé Guibert, joven atractivo, pertenecía a esa generación de artistas gays  pre-sida, menos conformistas en general que los actuales, más rebeldes, mucho menos acomodaticios como Ciryl Collard, Koltès o Mathieu Lindon, hijo de un célebre editor, hoy opacado aunque es el único de ellos que vive, pero un tiempo muy traducido entre nosotros. Yo le llevé en 1989 a un curso de verano en La Magdalena de Santander.  Se dice que Lindon también había tenido algo con Guibert (de ello trataría su novela póstuma, 1992, “Le Paradis”) y en cualquier caso eran muy amigos…  Cabaret Voltaire -algo especializada como editorial en literatura francófona- acaba de publicar “Mis padres” (1986) una obra no conocida acá de Guibert y donde un punto de ficción se mezcla con el recuerdo y el juicio a unos padres que quiere y en muchos casos detesta por conformistas. El libro, básicamente literatura del yo y escrito en fragmentos a veces muy brillantes, queda un tanto desflecado al final (ese fin que no sube sino baja) como si el autor, joven aún, no hubiera sabido cerrar bien la obra, pese a los análisis sinceros, nada melindrosos y al afán de no tener miedo nunca de sus verdades.  “Mis padres” no es el mejor libro del necesariamente inacabado Guibert, pero sin duda es una obra de mérito que habla también de su condición homosexual. Promiscuo, artista, seductor, amante de la imagen y la palabra, Hervé Guibert será ya para siempre un escritor prematuro y joven ( se inició en 1982 con “Les chiens”) cuya obra mejor -se han publicado tardíos un par de epistolarios de amor- será “Al amigo que no me salvó la vida”, por él, por Foucault, por el sida y por la imagen de un tiempo -ya no es este- donde desnudarse en público con estilo era una virtud o al menos un mérito, y el atractivo Guibert lo hizo con una especial nobleza.   


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