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Haruki Murakami y las modas japonesas

Me cuenta un amigo que José Luis Rodríguez Zapatero está leyendo o ha leído con mucho interés este verano al novelista japonés Murakami. Y me pregunta si (como tantos españoles, sobre todo poetas) no le habrá dado a Zapatero también por la moda del “haikú”. Le contesto que es imposible, que los lectores de Haruki Murakami -nacido en Kioto en 1949- no tienen, en general, absolutamente nada que ver con la moda por el Japón más tradicional -que existe y fuerte- donde sí están el “haikú”, el “bushido” (el código del samurái), las novelas de la corte Heian (como “La historia de Genji”) o naturalmente Yukio Mishima. Uno de los autores, por cierto, más detestados por Haruki Murakami, aunque ambos hayan compartido una occidentalización muy diferente.

En primer lugar hay que saber que en Japón hay en estos momentos dos autores apellidados Murakami y casi coétaneos aunque no tengan nada que ver. Uno es Haruki (al que lee Zapatero y mucha gente en Occidente desde hace años) el otro se llama Ryu Murakami, es algo más joven -nacido en 1952- y tuvo también éxito en Occidente con su primera novela titulada “Azul casi transparente”, que aquí editó Anagrama y que tiene mucho que ver con el mundo descreído de los adolescentes de la que se llamó “generación cero”. No, como digo y desde hace al menos diez años, pero en España algo menos (aquí lo edita Tusquets) es Haruki Murakami, solitario aunque casado, aficcionado al jazz, a los Beatles y en general a la música pop de Occidente, el autor de moda entre muchos escritores y lectores occidentales. Es bueno saber que en su país divide profundamente las opiniones, unos lo consideran un autor de culto intelectual (aunque el propio Murakami no presume de intelectual) y otros, que lo aborrecen, lo juzgan demasiado occidentalizado y ajeno a la gran tradición japonesa. Aunque algunas de sus novelas han sido “best sellers” será bueno saber que Murakami es leído por autores que no frecuentan el bestsellerismo, o por mejor decir que no lo buscan, que prefieren la calidad. Así ¿podría el poeta Antonio Gamoneda    -todo el mundo sabe que es buen amigo de la familia Zapatero- haberle recomendado al presidente que lea “Tokio blues” (la primera novela famosa de Murakami en Occidente) o “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”? Bien podría, porque son novelas donde la amenidad de la lectura no está negada a un sesgo inquietante y a una percepción entre lúdica y descarnada ( otros dirían pesimista) de la postmodernidad, en la que casi todos los críticos lo ubican. Murakami, el que no da entrevistas, al que le gusta correr en solitario, amante de los gatos y que hasta 1982 tuvo un bar de jazz en Tokio llamado “Peter Cat”. Claro que la recomendación podría haber venido de algún novelista leonés (no sé si Luis Mateo Díez) o lo que es más fácil de algún político francés o alemán, en algunas de las reuniones de la Unión Europea, porque Murakami también tiene mucho éxito en esos países y singulsrmente en Alemania. ¿Deberemos a la Presidencia Española de la Unión Europea, ya concluida, el interés de Zapatero por Haruki Murakami? Desde luego lo que es inevitable decir es que leyendo “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, nuestro Zapatero se ha puesto como lector muy a la hora continental. También será bueno saber (pues el Presidente verá cine en la Moncloa) que una película tan apreciada hace un par de años como “Lost in translastion”, está basada en un texto de Murakami. Y más, que Murakami es muy sensible a los problemas del terrorismo habiendo escrito sobre actos terroristas en Japón, como el atentado con gas sarín en el metro de Tokio.

“Tokio blues” es la historia de un hombre que, oyendo música moderna, evoca sus años de juventud, el suicidio de su mejor amigo, y la extraña relación que le unió a la novia de éste, Naoko. Pero en “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” se pueden leer frases que sin duda gustarán a un político de ahora mismo o lo dejarán con el ánimo inquieto y malparado. Decidan ustedes el posible efecto de las siguientes: “Cuando se tiene que esperar, se tiene que esperar”. “Un caballero es quien hace, no lo que quiere, sino lo que debe” O esta, tan brillante: “En el mundo hay cosas que es mejor no saber.” ¿Apotegmas para una filosofía política? Nada más lejos de la intención de Murakami, temeroso de la celebridad y de la altura ( su ideal es parecer un ciudadano anónimo) y confeso admirador de un autor argentino muy gay, ya fallecido -y temo que algo olvidado- Manuel Puig.

Otro dato para entender el mundo pensativo, claro y surrealista de Murakami (a lo mejor una buena descripción de nuesta actualidad, convulsa, interesante y tonta) es saber que el japonés ha ejercido también de traductor, vertiendo a su lengua a tres norteamericanos, por ejemplo, que no son desconocidos  para el lector español: F. Scott Fitzgerald, tan desesperadamente perdedor y elegante; Raymond Carver, el padre del prosaismo de la vida cotidiana en el relato; o al más bestsellerista John Irving…

Murakami empezó con poco más de treinta años su carrera literaria, al publicar en 1982 “La caza del carnero salvaje”.  Murakami es la moda del Japón nuevo, frente al tradicional. Es la moda europea que buca un gurú oriental (pese a todo) en estos malos tiempos, es la posmodernidad con todos sus filos y contradicciones y es, desde luego, un acicate para pensar (entretenido) entre las singularidades de un hombre que se debate entre lo kafkiano y la cultura popular. ¿Le vale esto a un político, a un ciudadano, o añadimos el título de uno de sus últimos libros traducidos, “De qué hablo cuando hablo de correr”?.Amigos, moda de altura.


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