Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


HARTAZGO DE NAVIDAD

No crean que soy del todo antinavideño. Como todos los niños (en mi caso hace ya mucho, ay) disfruté enormemente con la Navidad y los Reyes Magos, pero es que aquella Navidad -la meridional, digamos, si quieren la española- hace mucho que no existe. Así sin más. Contaminados por el omnímodo y ya cansino modelo anglosajón y por la enorme decadencia de la Navidad católica (no soy católico, pero lamento esa caída) nos enfrentamos cada año a un vacuo “totum revolutum” muy largo, impensablemente largo -más de un mes- y absolutamente dominado por el consumismo más feroz. Hace más de veinte años (acaso cerca de treinta) el pinchadiscos de una discoteca me lo comentó ya una Nochebuena: “Desengáñate, ya no hay Navidad. Sólo hay Corte Inglés”.

Es el caso que la Navidad española empezaba el 22 de diciembre (el día de la Lotería cantada) y se cerraba el 7 de enero, justo detrás de los Reyes Magos. A los niños se les daba un día de propina, al final: Ellos reiniciaban el 8. Con todo, rondaba los veinte días, que no es poco. Ahora al copiar el modelo anglosajón -que festeja el “espíritu de la Navidad”, pero no los Reyes- la Navidad ésta híbrida y muy vacía, se inicia el 2 de diciembre (incluso algo antes) y sigue acabando el 7/8 de enero. Claramente más de un mes. Belenes, nacimientos casi no hay -yo disfrutaba mucho montándolo- y pocos niños padecen la angustia maravillosa de dormir la madrugada del 6 para que los Magos de Oriente no te dejen carbón en lugar de regalos. El choque o mezcolanza de culturas produce un revoltijo sin gracia. Pero mucha luz, mucho comprar, mucho regalar. No me gusta la Conferencia episcopal española -tan anticuada- pero tiene razón cuando dice: “Nos han robado la Navidad.” Este año con el coronavirus y sus restricciones y el Gobierno dedicado a lo suyo, la Navidad ha sido (sálvense los que deban) más cutre que nunca. O si lo prefieren menos duro: Una de las navidades más grisáceas que recuerdo. ¿Y qué se puede hacer? Es difícil luchar contra tiempos confusos y mentes confusas. La Navidad debe ser laica o católica, pero sin sobrepasar los veinte días. Y aunque no seamos creyentes, es de lógica aclarar que, en su origen, la Navidad no es Papá Noel, los trineos de renos y Santa Klaus, sino que fue una fiesta católica, el nacimiento del Niño Dios, aunque se superpusiera a la fiesta pagana (religiosa también de fondo) del “Sol Invictus”. La Navidad actual cansa, empalaga, atosiga, pero no parece tener otro remedio que ver, que veamos, cómo se va desmoronando un año tras otro. Y como eso está pasando en nuestra sociedad -y en nuestra mala política- que todo se desmorona, por desidia, apatía, mala educación e incultura, digamos algo sombríamente como cumple, que la Navidad forma parte ya de esta fea y bruta Edad Media tecnológica que padecemos. ¡Pobres niños!.(Hacia 1955)


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?