Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


GRAN RUBÉN DARÍO

El nicaragüense -y totalmente cosmopolita- Rubén Darío (1867-1916), enamorado siempre de las cosas de España, fue un poeta grande, un enorme poeta que marcó un antes y un después en la poesía en lengua española. Él fue o se convirtió en la plenitud del Modernismo, aunque antes hubiera notables poetas de nuestra América como Gutiérrez Nájera, Casal, Martí o José Asunción Silva. Pero todos murieron antes de 1900, y Darío se quedó en el , por otro lado, muy merecido trono. Él fue el Azul del arte por el arte, las prosas profanas del lujo, la rotundidad métrica y expresiva de los cantos de vida y esperanza que buscaban consolar, ayudar a España en su decadencia… Fue la plenitud del Modernismo renovador espléndido, retumbante y genial de verbo único. Pero supo también ir más lejos en “El canto errante” o en la “Oda a la Argentina”, adentrándose, tras los experimentos con ritmos latinizantes –“Sangre de Hispania fecunda”- con el verso libre nuevo y armónico de la “Epístola”   -1913- dedicada a la señora de Lugones. Darío, algo indio, dipsómano, erótico, afrancesado e hispanizado, fue una cumbre, la cima de las palabras únicas, la plenitud del ser poeta. Siempre se puede y se debe volver a Darío, “los cisnes unánimes en el lago de azur”, “dichoso el árbol que es apenas sensitivo…” Ahora Visor ha reeditado una “Antología poética” de Rubén, seleccionada y prologada por alguien tan aparentemente lejano como fue Mario Benedetti, en 1967 -centenario del nacimiento de Rubén- y en Cuba. Nada parece ahí muy rubeniano. Pero el sol siempre brilla, especialmente cuando es genuino.  


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?