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EL GOBIERNO SÁNCHEZ Y DIVERSAS ALARMAS

Creo que en la terrible crisis del coronavirus (el confinamiento, parte de la solución, puede terminar deviniendo un problema) hay cada vez más españoles que manifiestan públicamente o entre amigos, su descontento mayor o menor -pero descontento claro- con la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez, lleno de trampas, inacción, improvisaciones y engaños por activa o pasiva. El ministro astronauta, Pedro Duque, ha declarado con rostro de humilde humildad, que “el Gobierno no estaba preparado para la crisis del coronavirus”. Le honra tan parca sinceridad, sin duda cierta. Pero le podemos ayudar: es obvio (bien o mal) que ningún Gobierno europeo estaba preparado para esta desoladora pandemia, acaso menos grave que el ébola, pero de mucha más fácil transmisión y contagio. No, ningún gobierno europeo estaba preparado. Pero unos han reaccionado mucho mejor que otros. Por ejemplo, Alemania. Un país con muchísimos infectados, tiene una baja tasa de mortandad. ¿Quiere ello decir que los alemanes son superiores? No seamos tontamente racistas. Quiere decir que su Sanidad es mejor que la nuestra y que los recursos y protocolos gubernamentales han funcionado y funcionan con muchísima mayor eficacia y eficiencia. España -su Gobierno- está entre los países de la UE que peor ha gestionado la crisis sanitaria. Y aunque haya leves mejoras en los últimos días, aún no son suficientes ni buenas. (Las mascarillas, cuando las hay, son caras. De los tests casi no hay ni rastro, si no es para atender al Gobierno y a sus familiares. Y los tests son básicos para ir recuperando la vida normal, que se hará lentamente, pero que se debe hacer. Casi mes y medio de confinamiento duro, nos tiene a la gran mayoría cansados y decepcionados, entre otras cosas, porque apenas atisbamos vislumbres de un paulatino pero necesario retorno a esa normalidad abolida). Se dice que el Gobierno Sánchez se aprovecha en exceso del “estado de alarma”, lo que no es bueno de ser verdad. El caso básico es que las mejoras (tras casi mes y medio de confinamiento, repito) apenas se ven, pero los daños empiezan a verse e irán creciendo. Además del agobio psicológico de estar encerrados, solos o en espacios muy pequeños, peor si acompañados, las pérdidas económicas son ya evidentes para todos. La gran mayoría estamos perdiendo mucho dinero y no sabemos qué ocurrirá cuando se acabe el pequeño colchón económico de ahorro de algunas familias. Otros ya lo están pasando mal o muy mal. ¿Y qué hace el muy progresista Gobierno Sánchez? Ofrecer modestas ayudas (a los autónomos por ejemplo) a las que es muy difícil acceder, una vez leído el titular, porque requieren miles de trámites y una voraz burocracia… Los curados (después de una segunda cuarentena), los sanos bien equipados y guardando distancias y prudencia, deben ir volviendo a la calle, para que veamos, aunque sea muy poco a poco, esa normalidad más que necesaria. ¿Por qué, con todas las precauciones, no se abren librerías, ferreterías o negocios pequeños? Sería animador e importante. Hay que solucionar además el asunto de las peluquerías, menos baladí de lo que parece… Podría seguir, pero prefiero que cada quien ponga lo que crea solucionable entre tantas pérdidas. Lo que queda obvio (salvo para forofos) es que el Gobierno Sánchez/Iglesias deja mucho o muchísimo que desear. El suspenso y fuerte se le debe pintar en la cara. No saben, no quieren o no pueden… ¿Con cuál nos quedamos?

Y esto enlaza con el comentario que he oído muchas veces esta última semana y al que me niego a otorgar veracidad, porque indicaría que no estamos ante un Gobierno malo pero con buenas intenciones, sino ante un Gobierno miserable y desalmado. El comentario, opinión o como se le quiera decir (desconozco el origen) se lo he oído a conocidos, que no se conocen entre sí, de Madrid, Navarra, Valencia o Valladolid… Según estos opinantes -y es muy duro lo que viene, no lo quiero creer- el Gobierno es malo, en buena medida, a propósito. Dicen: no se puede ser tan torpe y malo sin una finalidad detrás. ¿Cuál sería? ¿Provendría más de Sánchez o del nada simpático Iglesias? Sería su fin, esto, nada menos: Llenos de deficiencias sanitarias, de errores, de carestías, de miserias -que llegarán- y de un confinamiento que puede parecer eterno, la gente, la gran masa del pueblo (que apenas piensa, pero siente) iniciará un movimiento de rebeldía o de revolución que podría tener momentos incluso violentos. Como esto estaría programado por el Gobierno (sobre todo Podemos) su fin es que esa revuelta dé al traste con el Estado de las Autonomías, para gozo de muchos de los que apoyan a Sánchez, y así caiga la Constitución del 78 y aún la Monarquía, cosas (es bien sabido) que los podemitas aborrecen. Yo me niego a aceptar que Sanchez -que no es santo de mi devoción- pueda aceptar semejante atropello y barbaridad. Los que difunden esta opinión -de momento sin concreto origen, pero a la que algunos dan crédito- recuerdan la frase de Lenin a fines de 1916 (cuando la Rusia zarista, en medio de la 1ª guerra mundial, era un marasmo de muertos, miseria, desesperación y pobreza) sí Lenin dijo: “Cuanto peor, mejor”. Es decir, a más horror, desastres y hambruna, más cerca el triunfo bolchevique. La frase (y sus muchas y a la larga terribles consecuencias) resultó cierta. Los bolcheviques se hicieron con el poder y transformaron a Rusia, en una dictadura feroz, como hoy sabemos muy bien. ¿Pretende esto o algo de esto el Gobierno Sánchez en España, con el principal entusiasmo de Iglesias y los suyos? Lo he oído bastantes veces pero me niego a aceptar que un Gobierno legítimo se vuelva contra lo que ha prometido guardar. Pero pocos se fían ya de la política. Insisto, me rebelo ante esa villanía. Y además -digo- las iras de los rusos iban contra el Zar autócrata y su gobierno, pero ahora esas no imposibles iras de un pueblo saturado, irían contra el Gobierno socialcomunista de Sánchez, es decir (sin no fuesen arteros hasta la náusea) ese Gobierno sería el lógicamente primer perjudicado por la cólera popular. Cuento este horror, porque con diferentes matices, lo oigo últimamente mucho. Creo que es fruto del cansancio del confinamiento -pesa mucho- y de los grandes errores del Gobierno Sánchez. Pero una cosa es un Gobierno malo y legítimo, como el actual, y otra esa soez y macabra conspiración de ratas, en la que me niego a creer. Lo he contando (con temor a ese futuro) no porque crea en ella, sino para que Sánchez se dé cuenta del malestar profundo y el descontento que su mala gestión está provocando. Ojalá volvamos poco a poco a la necesaria normalidad y todo esto -temores, iras, miedo a la pobreza- se vayan serenando, calmando, desvaneciendo…


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