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Decadencias

Gloria Fuertes, aquí y ahora.

Ha hecho quince años de la muerte de Gloria Fuertes (1917-1998). Fue muy famosa en vida, por su peculiaridad de “ machota” con gracia, con timbre propio. Y por el enorme éxito que tuvo su literatura infantil, que le salía sola, porque ella –buena, triste- tenía un natural lado ingenuo al que sabía poner malicia. Su muerte mereció abrir un telediario, aunque lo que la presentadora leyó era injusto: “Ha muerto la autora de Un globo, dos globos, tres globos.” La trivial cancioncilla de un programa televisivo, opacaba a una poeta muy fértil y muy peculiar.  Gloria Fuertes hizo en nuestra poesía  (con ciertas retrancas de juegos rítmicos) lo que hizo Bukowski en América. Hacer del coloquialismo  y de la cotidianeidad un arte. Claro, Bukowski es más duro y más atrevido, pero a menudo Gloria tiene más dramatismo, más entreveradas intimidades; el uno y la otra escribieron mucho (yo vi muchos inéditos en casa de Gloria que no creo que se hayan publicado) y por tanto en casi todos sus libros hay repeticiones y sobran poemas, pero siempre hay también múltiples hallazgos. Olvidémonos de la Gloria infantil, y vayamos a esa mujer desgarrada, que –salvo cara a los niños- ocultaba poco su condición de lesbiana y que lo expresaba en poemas como “Sola con Esperanza”, donde Soledad y Esperanza son lo que son y dos nombres de mujer: “La Soledad que yo tengo/ es una mujer fatal…”

Aficionada a la taberna y al desgarro, muy amiga de Pepe Hierro, considerada por Gil de Biedma por su peculiar trabajo en el tono coloquial, amiga de Cela, que presentó  -ya Nobel- su último libro “Mujer de verso en pecho”, Gloria era una mujer básicamente existencial, apenada, pero que sabía (con su tono particular) reírse un poco de la vida dura, plasmada  en un título de un libro que alude al suicidio, tan mentado en sus versos: “Ni tiro, ni veneno, ni navaja” (1965). Ahora Torremozas acaba de reeditar el que fue uno de los más célebres libros de Gloria, publicado en su día por El Bardo, “Poeta de guardia” (1968).  El título alude a la poeta que otea lo que pasa y lo comenta a su aire (el libro esplural y desigual) pero también a la mujer que pasa la noche sola, “de guardia” esperando consuelo o compañía: “alguna señorita de aborto provocado/ o alguna prostituta con navaja en la ingle/ o algún quinqui fugado…” Ese era el verdadero mundo de Gloria y donde están sus logros mejores. “Estoy con los que  nadie está.” O “¡Qué divina está esta noche/ la zorra la Soledad!”  Se dice –y no falta razón- que todos los poetas estamos llamados a una sola antología final, más grande en unos más chica en otros. La antología de Celaya (otro poeta popular) se la llegó a hacer Ángel González. No es una antología grande pero vale. La antología de Gloria –aún por hacer- será sin duda más nutrida. Mucho de lo que escribió son apuntes con mayor o menor dolor e ingenio, pero sus buenos poemas, desgarrados, irónicos, plenos de una voz propia que era la suya, sorprenderá a quienes no la han leído. Garra y estilo. Cultivado populismo.


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