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GERALD BRENAN Y “COSAS DE ESPAÑA”

Desde luego si algo puede decirse con entera certeza sobre Gerald Brenan (1894-1987) es que fue un personaje y un intelectual muy curioso. En España -como suele ocurrir- a Brenan se le conoció en general tarde, pero entonces con un apasionamiento que pocas veces se tiene por lo propio. En Inglaterra no pasa de ser una figura notable pero menor, unido en sus inicios al archifamoso Grupo de Bloomsbury, y que fue viajero e hispanófilo y hasta un poco más, hispanista. Pero una figura menor. Curiosamente si Gran Bretaña ha sido, históricamente, el gran enemigo de España (quizás ellos lo pensaran al revés) los viajeros e hispanistas británicos son, por lo general, mucho más fiables que los franceses. La estúpida “España de pandereta” es, en harta medida, un producto francés mucho más que británico. Brenan (nacido en Malta, hijo de un oficial inglés) pero criado y educado en Londres, participó en la Primera Guerra Mundial, como tantos jóvenes ingleses, en los campos de Francia. De vuelta a Londres conoció a la pintora Dora Carrington, con la que tuvo un breve romance y que lo retrató. Gracias a Carrington, ese Brenan que ya pensaba en irse de Inglaterra -como Robert Graves- conoció y amistó un tiempo con la gente de Bloomsbury, incluido el homosexual Lytton Strachey, que fue el verdadero e imposible amor de Carrington. También con Leonard y Virginia Woolf (a quienes llevó algo después a Granada) y con Roger Fry o con  el sinólogo Arthur Waley.  A fines de 1919, Brenan se marchó de Inglaterra y llegó a La Coruña. Pero su meta era el sur, y en 1920 se instala en Yegen, un pueblo granadino de Las Alpujarras. Ese fue, en efecto, su lugar de residencia hasta 1936, pero viajó muy a menudo, tanto por la propia España. como al París  de los expatriados y más tarde a Marruecos y a Grecia, para volver siempre al sur de Granada. Gerald Brenan sigue la tradición rica del viajero anglosajón de estirpe romántica (en general mejor que el francés, como he dicho)  que no se limita, y menos en el caso de nuestro Brenan, a reflejar el color local, sino que se dedica a conocer la historia y la cultura, en este caso españolas. Influido por sus lecturas de la picaresca, la primera obra de Brenan (no sé por qué editada con pseudónimo) fue una novela, “Jack Robinson” de 1933. Y también escribió ocasionalmente poesía, que se reuniría en el tomo de 1977, “Los mejores momentos”. Sin embargo, Brenan ha pasado a la historia de la literatura, acaso algo tarde, como memorialista y ensayista muy vinculado con lo español. Desde su biografía y estudio sobre San Juan de la Cruz, hasta su “Memoria personal” (1974), su historia granadina narrada en “Al sur de Granada” (1957) y sobre todo su célebre libro sobre la tragedia de la Guerra Civil española, su “El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos del conflicto civil” editado por vez primera en 1943. Al llegar esa Guerra, Brenan tuvo que abandonar vía Gibraltar, España y Yegen, adonde no volvería (pero ahora para instalarse cerca de Málaga) sino en 1953. Claro que en esos años, jamás olvidó ni España ni lo español. Fruto de su retorno sería el tomo “La faz de España” que aquí sólo se publicó en 1985. Brenan conoció bien la historia y la cultura españolas, como lo demuestra la colección de artículos varios (publicados siempre en revistas inglesas o norteamericanas) “Cosas de España” que acaba de editar Fórcola, de la mano y al cuidado de Carlos Pranger.  Pese a que hable de toda la literatura española  de los años 50 y 60 y de muchas costumbres locales como la Romería del Rocío (que le gustó mucho) parece que las amistades españolas de Brenan, fuera de lo popular, fueron escasas, con la muy notable excepción de Julio Caro Baroja, con quien mantuvo una muy nutrida correspondencia, publicada.  Casado con una inglesa, Gamel Woolsey, Brenan vivió en Churriana y el Alhaurín el Grande. Como dije tardó bastante en ser conocido, al revés que Robert Graves, con obra de más envergadura. Recuerdo que en 1984 se hablaba del viejecito inglés, “Don Geraldo” que vivía más pobre cada vez en un pueblo de Málaga. Y tanto que ese mismo año, se lo llevaron a Inglaterra a un asilo para ancianos en el extrarradio de Londres, Pinner. Poco después el Gobierno español a petición del andaluz y  de muchos vecinos de la zona, logró que en 1985, Brenan volviera a Alhaurín el Grande, donde murió dos años después, con 92. Está enterrado en el Cementerio Inglés de Málaga.  Es el caso de un escritor bueno y peculiar que se enamoró de España y quiso vivirla y conocerla, como demuestran bien los variados artículos -a veces evidentes para un español, pero Brenan siempre escribió para angloparlantes- recogidos en “Cosas de España”. Ensayos, artículos y crítica literaria.  Debemos mucho a Brenan y no sólo la reivindicación de Galdós o el afortunado título “El laberinto español” -válido aún- sino la constatación de que esa singularidad hispánica, que hace hablar y mucho a los propios españoles, hace de España -con todo  lo demás- una de las grandes civilizaciones de Europa. Tarde también, Inglaterra hizo a Brenan “Caballero de la Orden del Imperio Británico.”.


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