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GATO (poema inédito)

GATO

 

Me acuerdo muy bien, claro, de la tarde en que contó el incidente

y su  impotencia para hacer nada. ¿Otoño en el otoño, lo llamó? Es

como el nombre de un estado de ánimo. Supongo que empezó porque

a todos nos gustan los gatos… Recordaba que el suyo se escapó del jardín

y se metió por una zona arbolada que la estación llenaba de hojas amarillas

y la lluvia de fango o pútrido barro. Como el animalito no volvía, lo buscó

y lo halló caído en lo que pudo parecer una trampa pero era un mero hoyo

hondo lleno de agua y hojas secas que formaban légamo viscoso…

Oyó maullidos lastimeros y cortos. Parece raro y era así, herido y sucio

el pobre  gato –no muy grande- gemía al fondo. Sucio y sangrando se había

clavado una astilla en el vientre. Casi lo atravesaba del todo, y el lodo

le impedía moverse, como arenas movedizas, cuanto el animal más lo

intentaba… Si lo sacaba, tendría que retirar la estaca y se desangraría…

Debía llevar horas. Lo vio infectado, sucio y comprobó, muriendo. Se dio

cuenta de que los ojos brillaban magníficos pese al dolor, y que al verlo y

olerlo supo que ya no estaba solo. Nos dijo: Cesó de maullar y se abandonó.

Se puso él mismo en manos de la muerte porque yo lo velaba. Lloré.

Sí, un desdichado accidente. Pero una vez más se me imponía la evidencia

de vida: El pobre gato sin posibilidad de salir, solo y sin más opción, era yo

y si me lo permitís, éramos nosotros todos. Nunca sentí mayor desamparo.

El horror es nuestro mundo y el descobijo nuestra casa. Valemos poco

y sufrimos por ignotos motivos. Como ballenas en el hielo o gatos en el albañal.

Impone más el silencio del lobo que un perro ladrando. Por eso mismo

una sentencia como esta, audaz y majestuosa, alivia nuestra pena, nuestro desamparo.

¿Dónde están los nexos ocultos…?

 

 


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