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Decadencias

Garnett y el espíritu “Bloonsbury”

Creo que en España no conocíamos (yo al menos no) a este peculiar y muy británico miembro joven del archifamoso “Grupo de Bloomsbury”, es decir los Woolf, Keynes y compañía… Me refiero a David Garnett (1892-1981) al que no se debe confundir con su abuelo Richard Garnett (1835-1906), bibliotecario del Museo Británico, notable erudito y autor de una espléndida colección de cuentos, “El ocaso de los dioses”(1888), libro que fascinaba a Borges. No, nuestro David pertenecía a esa generación de ingleses ricos, cosmopolitas y algo frívolos que renovaron las artes y jugaron a saltarse la moral establecida. David Garnett (homosexual en la primera etapa de su vida, bisexual y casado luego) fue amante del famoso pintor Duncan Grant y amigo de todo “Bloomsbury” donde la apodaban “Bunny”. Tuvo éxito temprano en la novela, especialmente con la titulada “Lady into Fox” de 1922. Sin embargo la novela (magnífica) que nos ha dado a conocer una de las nuevas y pequeñas editoriales de nuestro panorama, Periférica de Cáceres, es una obra de su madurez “Formas del amor” que se editó en 1955, cuando su autor vivía ya en un viejo castillo francés cerca de Cahors. Como dijo el viejo Somerset Maugham , “Formas del amor” es literalmente una novela “deliciosa”, pues está escrita con una elegante, fácil y amena ligereza, pero va mucho más lejos de lo que pudiera parecer. Nos narra (a través de bastantes años) el trío amoroso y sentimental que ocurre entre un aristócrata británico, elegante y frívolo, Sir George Dillingham, su sobrino Alexis –que al inicio de la obra es un jovencito, que se hará militar- y una atractiva acrtiz francesa, Rose Vibert, que los ama a los dos de muy diferente modo, lo que no es óbice para que casada ya con el viejo Sir George tenga además (con el consentimiento del marido) otros amantes jóvenes. Sí, se puede amar de muchas maneras –casi tantas como individuos- y ninguna en principio es mala si se sabe llevar… Si este argumento -lleno de matices y de refinado estilismo- es ya una notable novela, el valor del libro se incrementa hoy al percibir en toda la trama, como claro telón de fondo, el mundo de lo que en el período de entreguerras se llamó la “café society” y que no era otra cosa que un mundo de ricos cultos y mundanos, que viajaban entre la libertad moral, la sofisticación y el culto al arte. Esa misma sociedad que reflejaron muy bien (desde otro ángulo) las memorias dalinianas “Vida secreta de Salvador Dalí”… Quizás esta novela y el propio personaje de David Garnett puedan atraernos más porque hoy la sociedad pudiente parece mucho menos refinada y menos culta que aquella “café society” (sustituida por la “jet set”) y porque si su íntima moral sin duda es muy abierta, no hacen de ello una bandera de distinción y estilo como hicieron Vita Sackville-West, Lytton Strachey o –más joven, con un aire juvenil atractivo- este David Garnett del que, sin duda, el lector de “Formas del amor” se quedará con ganas de más. Su último libro (de 1979) se llamó “Grandes amigos. Retratos de diecisiete escritores”. David supo cómo se puede escribir con estilo y delicadeza metiendo en la aparente ligereza muchas cargas de profundidad. Y supo invocar a Horacio y a los goliardos al hacer que la novela acabe con esta frase: “Trae vino y dados; que se muera quien se cuida del mañana”. El lema de toda sociedad abierta y civilizada: “Carpe diem”. ¡Cuánta falta de mundo hoy!


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