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GABO, PERIODISMO BRILLANTE Y CONTRADICCIONES

Varias veces (no sólo una) Gabriel García Márquez  (1927-2014) repitió que el periodismo “es el mejor oficio del mundo”. Y es bien sabido y se han publicado varias antologías de esa labor, que Gabo empezó como humilde colaborador provinciano, desde finales de los años 40, publicando en periódicos del norte de Colombia, como “El Heraldo” de Barranquilla. Que Gabo no se quería quedar en un mero periodista local, y que incluso iba a afilar su pluma narrativa en la prensa, no tarda en verse, cuando por primera vez se marcha de su país (vivió más fuera que dentro de Colombia) yendo como corresponsal a Europa, tanto de periódicos colombianos como de Venezuela, desde el más notable “El Espectador” de Bogotá a “Momento” de Caracas. La nueva antología de artículos periodísticos de Gabo, publicada por Random House con prólogo de Jon Lee Anderson, elige bien titularse con un artículo en cinco partes que Gabo envía de Roma a Bogotá, “El escándalo del siglo”-primeros años 50- donde un suceso italiano, una crónica de sucesos, le sirve para pergeñar un cuento y demostrar que por mucho que le guste el periodismo, García Márquez irá poco a poco alejándolo. Hasta dejarlo, luego de los 60, en una dedicación puntual y testimonial; el último artículo recogido aquí se publicó en “El País” en 1984.

Por supuesto que el periodismo le fue muy útil a Gabo y lo hizo muy bien, pero acaso pase a formar parte de las muchas contradicciones que conforman al gran hombre. Desde hace unos dos años, su imagen está en los billetes de 50.000 pesos colombianos, casi el valor más alto, y los colombianos lo reconocen, con una evidente distancia. Después de Italia, Francia y España -donde empieza a escribir “Cien años de soledad”, editada en Argentina- Gabo coquetea con el castrismo -se supone que esa es su gran pelea con Vargas Llosa, que ha escrito el mejor libro sobre Gabo, “Historia de un deicidio”- pero vive en México y declarándose anti gringo, no deja de ir a EEUU. Sus cosas están ahora en una Universidad norteamericana. Consejero áulico del despiadado Fidel Castro, termina también conversando íntimamente con el presidente Clinton. Millonario o más, muchos tienen a Gabo (hay muchos casos) por un comunista de salón, cuya razón política vale por ello mucho menos. ¿Tuvo Alberti -distancias salvadas- algo de lo mismo? Cuando muere (parece que con la cabeza algo perdida) los grandes funerales por Gabo no ocurren en Colombia, sino en el gran Palacio de Bellas Artes de México. ¿Ser un hombre que está a la que salta y que se apunta a todo, desmerece algo a Gabo? No, literariamente, narrador excepcional. Pero sí nos debería hacer pensar sobre quien tanto amó el periodismo. ¿No fue también el estupendo Saramago, entrañable y serio, un muy notable comunista de salón? Se ruega no mirar alrededor. Estamos rodeados.


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