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Decadencias

Fina y «La Cuba secreta»

Fina García Marruz (La Habana, 1923) fue y sigue siendo una de las poetas o poetisas más secretas, más íntimas de Cuba, además de (sino me equivoco) la decana ahora mismo de sus letras vivas, tras la muerte -hace casi un año, en España la noticia pasó bastante desapercibida- de su marido y compañero Cintio Vitier. Las veces que fui a Cuba nunca vi a Fina, aunque sí llegué a ver a Dulce María Loynaz, tan viejita. Amigos o cercanos te traían recuerdos en conferencias o lecturas (Antón Arrufat, Rafael Alcides, César López) : Fina te envía muchos saludos, siente no poder venir. Fina. Sobraba decir los apellidos…

Fue la única mujer del mítico grupo poético de la revista «Orígenes», el de Lezama Lima, Gastón Baquero, Eliseo Diego, el padre Gaztelu, el propio Vitier, ese grupo de poetas y ensayistas (el ensayo cuenta mucho también entre los «origenistas») al que María Zambrano, cuando vivía en Cuba, llamó en un texto «La Cuba secreta». Como el texto es de 1948, todavía el título podía aludir a que se trataba de una gran riqueza conocida de pocos. Pero iba más lejos porque los poetas de «Orígenes» empezando por el propio Lezama o siguiendo por Virgilio Piñera, siendo la gran modernidad de Cuba, han tenido siempre -incluso en sus biografías- algo de secreto. Que en cierto modo llega al máximo en Fina García Marruz cuya obra sólo ahora (alrededor de sus 87 años) va declarándose, con el premio Pablo Neruda que recibió en Chile hace dos años, o con la amplia antología que aquí acaba de publicar Pre-Textos, «El instante raro», muy bien seleccionada y prologada por Milena Rodríguez Gutiérrez.  Fina García Marruz publicó sus primeros textos en los inicios de los años 40, pero su primer gran libro será  «Las miradas perdidas» (1951), que es con el que se abre esta importante antología, que casi nos la muestra como lo que es, una ilustre desconocida. Una mujer frágil y hacia dentro, que ve salvación en la poesía, y que ha vivido y escrito       -acaso protegida sin saberlo-  por la religión , la pobreza y el desaliño, como señalan varios críticos. Religión porque como muchos «origenistas» se ha situado más que bajo ningún credo, bajo el hecho religioso en sí, del que puede formar parte la poesía («Poesía, ven,/ refrescadero,/ única luz/ de mi juventud…). En cuanto al «desaliño» no alude sólo a la fácil voluntad de ciertas rimas o a un idioma vuelto sensible y sensitivo -cerca JRJ- pero siempre sencillo, algo franciscano, pese al cultismo. En cuanto a la «pobreza» (no menos franciscana asimismo) es vivir con lo elemental, buscar el retiro interior -algo epicúreo al mismo tiempo- y no ansiar sino la propia iluminación de una palabra trascendente. Una poeta llena de misterio claro y extrema sensibilidad, a la que -inevitablemente, aunque siempre haya vivido allá- uno ubica mal en el clima del castrismo, sobre todo en sus años más duros. Como se ubicaba mal Lezama, aunque nunca quisiera dejar su cubanía.

Demos la bienvenida a Fina (ahora soy yo quien le envía saludos). Gastón Baquero, uno de los primeros exilados por Castro, hablaba bien de su misterio, de sus poemas iluminados de hondura. Y aunque como decía Zambrano «los misterios verdaderos no consienten en ser desvelados», el lector tiene en «El instante raro» la singularidad de descubrir en esta mujer lúcida y anciana a una poeta absulutamente verídica. Bienvenida.


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