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FIN DE VERANO

No hablaré del cruel terrorismo islamista, que no es sólo Barcelona. Puede ser y ha sido casi cualquier parte. Y además no cesará porque sólo nos atrincheramos contra él, pero tenemos miedo al golpe de defensa y réplica. Por tanto –entre miles de sinceras condenas- el daño continuará. Tampoco del independentismo catalán, tramposo y lleno de personajes vulgares como casi toda la política hodierna, comenzando por ese saltimbanqui multimillonario y casi todopoderoso llamado Trump… ¿Qué esperar, si dicen que ese es el líder? ¿Qué vulgaridad y tosquedad no pueden ocurrir?

Como Gil de Biedma dijo en un poema –al cumplir cincuenta años- “este tiempo no es el mío”. La crisis económica, que colea y lo empobrece todo, ha demostrado que, por debajo, hay una crisis de civilización, de valores y de mundo. El ignorante presume de su ignorancia, la exhibe y hasta (¡horror!) se confunde democracia con vulgaridad, desaseo y ordinariez extremas. Todos tienen derecho a todo lo peor, ya se ha dicho. Pero la cantidad cada vez mayor de ignorantes supinos y maleducados –ellos y ellas, sin distinción ninguna- no pueden darse cuenta, porque por algo ignoran. E ignorar que se ignora es el summum de la estulticia, no la sabiduría de Sócrates.  Antes el verano parecía más vario, hoy (fruto en parte de lo dicho) es un rifirrafe agosteño de ciudades vacías y playas artesanales abarrotadas. La torre de marfil, si no eres multimillonario y recorres el orbe, se hace cada vez más necesaria en busca de un jardín/paraíso que no todos podemos tener. Como Venecia, con menos esplendor y turistas que a veces no saben lo que ven, la antaño famosa civilización occidental se hunde en la purrela de una viscosidad necia. Las palabras calladas de la hora (no se dicen, se llevan dentro) son daño, usura y rapiña. Sólo importa ganar dinero, y entonces el todo vale tira amigos y valores: algunos todavía creemos que eso es hacer daño. La soledad campea por sus respetos entre amigos que se juntan a mirar cada uno su propio móvil. Y muchos están felicísimos de tener tres mil amigos en Facebook (o más) aunque nada se sepa de ellos sino un simple clicar en “like” o “me gusta”. La más perfecta forma de amistad solitaria. Algún “best seller” de matiz televisivo y hortera puede dar risa si, por el contrario, no diera harta lástima. Hay un mundo que se hunde, acaso ya medio hundido, y tal parece que nadie se entera. La política y casi todos los políticos son vulgares y pobres (no de dinero) porque llanamente así es la vida y este mundo que nos disgusta a muchos, pero que no sabemos muy bien qué hacer. Párate en la próxima, que me bajo. Pero no es posible.  Se acusa a antiguos izquierdistas por volverse de derechas. Otros no han hecho nada porque la derecha vieja les da grima, pero juzgan –por sus hechos- que la izquierda actual apenas sabe qué papel debiera ser el suyo y se marea y nos marea, que es más serio.  Parece que todo tendrá que cambiar, cierto, pero ¿cómo? Y sobre todo, ¿hacia dónde? No hay respuesta. El camino intransitable linda en apariencia con el abismo. Decían los latinos que el abismo llama al abismo. Larra se quedó corto: escribir en España no es llorar sino mendigar. Y por lo demás hace calor. Pepe, date un bañito. Es el último día…

 


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